Del Mar de Aral al Río Paraná, notas sobre desastres ambientales y la acción humana

Si bien cada problemática ambiental contiene su especificidad, es posible realizar paralelismos a los fines de observar cómo la irresponsabilidad humana a lo largo de la historia genera desastres ambientales irreversibles en distintos puntos del mundo. En este caso, se trata del uso intensivo del agua y químicos para la industria sin límites. De la desertificación del Mar de Aral a la catastrófica "bajante" del Paraná.

Por Redacción Enfant Terrible |

🕒 8 minutos de lectura

A lo largo de la historia han habido catástrofes ambientales provocadas por la explotación humana de los bienes y recursos naturales. Esta lógica de explotación intensiva por parte de Estados y empresas que priorizan la generación de ganancias económicas, es advertida hace mucho tiempo debido a su impacto sobre la salud del planeta, y por ende, de todas las especies que lo habitan.

Pero las alarmas mundiales llegaron a su punto cúlmine con el informe elaborado por la Organización de las Naciones Unidas y publicado en 2021, el cual precisa que "las consecuencias del cambio climático son irreversibles".

En estas breves líneas, compartimos dos casos paralelos que evidencian cómo el uso desmedido del agua y otros bienes naturales, así como la utilización de químicos para favorecer la agroindustria, terminan por generar desastres ambientales irreversibles.

El Mar de Aral, el -otro- mar muerto

El Mar de Aral ubicado en Asia Central, en su momento era el cuarto lago más grande del mundo, con una extensión de 68 mil kilómetros que se alimentaba de los ríos Amu Daria (hacia el sur) y Sir Daria (hacia el noroeste) que atraviesan los países de Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán. En realidad se trata de una cuenca endorreica sin salida fluvial hacia un océano, cuya extensión era compartida por las fronteras de Uzbekistán y Kazajistán. El Mar de Aral concentraba 200 especies de mamíferos, 500 de aves y 100 especies de peces. Estos últimos servían a las comunidades pesqueras para su alimentación y la economía regional.

En los años de la Unión Soviética (URSS) tanto Uzbekistán como Kazajistán formaban parte de la coalición socialista. Los planes de ingeniería soviética modificarían para siempre el destino del lago y las poblaciones aledañas. Desde 1940 la URSS, promovió la creación de canales de irrigación a gran escala alcanzando 500 kilómetros de longitud el más grande. Estos canales tomaban agua de forma de directa de las cuencas del Mar para convertir las llanuras áridas de Asia Central en las mayores productoras de algodón del mundo. Con este proyecto, sumado al uso de químicos para incrementar la producción, Uzbekistán se convirtió en el principal productor de algodón del mundo.

El impacto de actividades sobre la economía regional pesquera fue inminente. El caudal de los ríos se redujo un 90% debido a que se perdía más del 70% de agua, producto de la infraestructura precaria de los canales. Además, la pesca, entre otras actividades como la ganadería, fue sustituida por la recolección de algodón, volviendo a la región dependiente de esta industria. Con el tiempo también llegaron los cambios de clima, ya que el efecto amortiguador del lago desapareció, generando inviernos y veranos con temperaturas más extremas. La inestabilidad climática también favoreció sequías que incrementaron la salinidad del lago, alcanzando 110 gramos por litro, casi cuatro veces más que la de los océanos.

Además de la sequía, la arena se encuentra contaminada y en lugar de lluvias hay mayor presencia de tormenta de arenas. Esto trajo aparejado consecuencias en la salud de las poblaciones, como cáncer esofágico, tuberculosis y diversas enfermedades respiratorias. Estas últimas, consecuencia de las tormentas de sal y polvo cargadas de residuos de los pesticidas que se emplean en los cultivos.

Para 1987 el lago había quedado dividido en dos, con la parte norte en Kazajistán y la parte sur en Uzbekistán. En la zona sur se encontraba la isla Vozrozhdeniya, donde se descubrió una base secreta abandonada que era utilizada por la URSS para la investigación y creación armas químicas durante la Guerra Fría. A su alrededor se encontraron esporas de ántrax, productor de las pruebas científicas y los residuos enterrados en la isla para ocultar la evidencia luego de la caída de la Unión Soviética.

Este uso intensivo condenó para siempre al Mar de Aral, en lo que sería catalogado por las Naciones Unidas (ONU) como el mayor desastre ambiental provocado por la acción humana.

El Paraná

Otro desastre más reciente, caracterizado por ambientalistas locales como "un holocausto ambiental", es la sequía histórica del Río Paraná que mantiene a siete provincias de Argentina en emergencia hídrica. Aunque más allá de las fronteras nacionales, su causa se encuentra facilitada, entre otras, por la expandida frontera agropecuaria que se asienta sobre las cuencas del Paraná, abarcando partes de Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay (conocida como República de la Soja). Se trata de una problemática transfronteriza, donde estos países han permitido el avance de la frontera sobre las cuencas del Plata.

Con la firma del del Consenso de Washington y el lanzamiento de los commodities al mercado internacional, se profundizó el avance de la deforestación y la implementación de paquetes tecnológicos de multinacionales del agro. Esto impactó de lleno en los muchas biomas o ecorregiones, donde también se encuentra el sistema de humedales tal vez más grande del mundo, comprendiendo a su vez las zonas del acuífero Guaraní.

Estas condiciones permiten a la región servir a la producción agropecuaria con mayor importancia mundial.

A su vez, este territorio concentra la mayor cantidad de zonas urbanas e industrias de todo Latinoamérica, reuniéndose unas 75 millones de personas en las cuencas del Paraná y unas 90 millones en el sistema hídrico del Plata.

Por otro lado, las rutas fluviales conocidas como hidrovías, importantes en su momento para la integración del Mercosur, conforman un cauce de salida de la exportación nacional, en el caso de Argentina un 80% aproximadamente. Aunque también se discute la soberanía nacional, la productividad y el cuidado ambiental. En diálogo con Radio Gráfica, Oscar Verón, capitán fluvial dragador, delegado de la Asociación Trabajadores del Estado Vías Navegables, explicó que "en 2019 las agroexportadoras facturaron por 28 mil millones de dólares, en 2020 por 53 mil millones". Asimismo, "se calcula que hubo una evasión del 20%. Eso no queda acá". Mientras tanto, "la pobreza ha crecido, tenemos 20 millones de argentinos por debajo de la línea de la pobreza y 5 millones en la indigencia".

Por otro lado, en una solicitud de audiencia al presidente Alberto Fernández por la concesión de la hidrovía instalada en los ríos Paraná-Paraguay, organizaciones como el Frente por la Soberanía Nacional y Movimiento Federal para la Soberanía Nacional, entre otras, denuncian que la actividad de la empresa Hidrovía S.A. incide en la alteración del río:

"Entendemos que no podemos ni debemos permitir una nueva licitación para la concesión del dragado y balizamiento de las Vías Navegables, así como los proyectos que promueven la profundización y ensanchamiento de los ríos Paraná y de la Plata, ya que es un modelo de adecuación de los ríos al tamaño de los buques que altera el ambiente y daña la biodiversidad, beneficiando (...) principalmente a multinacionales del extractivismo agroindustrial y minero".

Con respecto a la producción industrial y energética, a orillas del Paraná existen una variedad de complejos productivos que se sirven de las aguas del Río, ya sea para producir, como para desechar. Por ejemplo, en 2016 fue clausurada la planta de San Nicolás que pertenecía a la multinacional Atanor -en su momento segunda productora de glifosato en el país- ya que arrojaba químicos contaminantes al río Paraná, afectando la salud de la población de Barrio Química, causando enfermedades como leucemia y respiratorias, e incluso muertes. En 2019 la empresa reabrió sus puertas, pero las denuncias de vecines continuaron, hasta que un informe ordenado por el juez federal Carlos Villafuerte Ruzo, confirmó que la Atanor continuaba volcando efluentes líquidos con altas concentraciones de los herbicidas e insecticidas atrazina, cipermetrina y trifluralina, residuos peligrosos en cantidades no permitidas por las legislaciones.

Mientras tanto, a la altura de la Provincia de Santa Fe se encuentra el primer Complejo Petroquímico de Sudamérica, en Puerto General San Martín, donde se producen hidrocarburos aromáticos como el estireno, etileno y etilbenceno, entre otras producciones como caucho, solventes aromáticos y propelentes. Aquí también se utiliza de manera directa el agua del Río Paraná. Lo mismo sucede, en el caso de producción nuclear con el Complejo Nuclear de Atucha, donde se encuentran las plantas nucleares de Argentina, en el Partido de Zárate, Buenos Aires.

Desastres anunciados y planes sin soluciones

Tanto en con la sequía del Mar de Aral como del Paraná, los Estados han propuesto una serie de medidas a los fines de solucionar los desastres provocados. En el caso del Aral, según Gemma Roquet para El Orden Mundial "en 1992, los países instantes firmaron un compromiso -llamado Fondo Internacional para el Salvamento del Mar de Aral (FISA)" en el cual asignaron el 1% de sus presupuestos para recuperar del mar. Pero a pesar del acuerdo, ha existido "falta de cooperación que se evidencia en la construcción de la presa de Kokaral en Kazajistán con la ayuda de 85 millones de dólares del Banco Mundial". Si bien la obra ha mejorado la situación hacia el norte del lago, ha sentenciado el ala sur, ya que no permite la distribución del agua hacia esa zona.

Por otro lado, Argentina accionó a través del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 556/21 creando el Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable del río Paraná. El texto del decreto expresa que tiene como objetivos "reducir los costos por tonelada transportada, utilizando la vía navegable a toda hora durante todo el año, aumentando la seguridad de la navegación, planificar y desarrollar actividades con menor incertidumbre y promover las inversiones y el desarrollo de emprendimientos alrededor del río Paraná y del Río de la Plata". Esto refleja el interés del Gobierno argentino en focalizar la actividad comercial, sin preservar el cuidado por el Río.

En ambos casos, se trata de políticas que ignoran la transnacionalización de las problemáticas, donde cada país implementa políticas aisladas y destinadas a continuar con la productividad, sin atender a una perspectiva regional, ni ambiental.

Fuentes:
La Cuenca del Río Paraná: núcleo central de la producción mundial de soja.
Aral, el mar que nunca existió. Por Gemma Roquet para El Orden Mundial.

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