El fuego que no quieren ver

A un año de los incendios que arrasaron con más de 300 mil hectáreas en la provincia de Córdoba, la historia se repite: las políticas públicas ambientales continúan siendo afines a otros intereses que se contraponen a la conservación. La organización colectiva y la participación ciudadana son la respuesta local para poner el cuerpo y paliar esta realidad que golpea otra vez las Sierras Chicas y la provincia.

Por Redacción Enfant Terrible |

🕒 7 minutos de lectura

Por Danila Pagano Bianchini

El miedo a los incendios en Córdoba late por debajo de cada loma y en cada casa, camina por las calles de tierra y las rutas asfaltadas, y te voltea la cara de un zarpazo cuando suena un mensaje en el grupo de las Brigadas Forestales: presentimos lo que va a pasar, lo esperamos con la impotencia apretada en las manos. Vibra en cada conversación con unx amigx: “Agosto es lindo, sí, pero es el mes de los vientos, y ya sabemos lo que hacen estos culiados”.



Ese miedo también se manifiesta en Nahir Huespe, guardaparque de la Reserva Hídrica Natural Salsipuedes, que este último fin de semana, sufrió la pérdida de más de 240 hectáreas en “La Estancita”, ubicada en la cuenca alta del área protegida: “Es una locura pensarnos todos los días mirando al cielo, viendo si hay alguna columna de humo, revisando el pronóstico meteorológico, esperando que un compañero te avise que en otro lado se incendió algo. Es agotador y muy triste”.

Por su parte, Araceli Lucena, también guardaparque de la Reserva junto a Nahir, y educadora ambiental muestra su tristeza al ver su lugar hecho cenizas: “Solamente puedo ver la vida a través del monte. Es una escuela, es donde me siento segura, es el lugar que elijo. Es mi alimento, mi medicina, está todo ahí. Sé que después del monte habrá más monte, aunque yo no esté, volverá el monte, incluso con los incendios”.

Mientras los medios hegemónicos muestran los incendios en California, Turquía y Grecia, el panorama en Córdoba desde el viernes no es muy distinto, pero parece invisible a los ojos de quienes no quieren ver. Sobrevolaron en Salsipuedes dos aviones hidrantes y un helicóptero del Plan Provincial de Manejo del Fuego, mientras que por lo bajo, las sierras ardían. Decenas de efectivos de los ETAC (Equipo Técnico de Acción ante Catástrofes) de la Provincia y bomberos voluntarios también se sumaron. Llama la atención que los incendios no afectaron ni una de las mansiones colindantes, pero avanzó sobre las sierras.

Jesús Moyano es vecino de La Estancita hace 22 años, vive con su esposa y “algunos de mis hijos de vez en cuando, tengo 8” y pese a que está acostumbrado desde chico a ver el fuego en el campo, no se resigna: “Cuando tengo el fuego enfrente me preocupa que avance más y más. Busco la forma de ayudar, ver cómo podemos organizarnos entre todos para saber de dónde viene, cómo viene el viento. Es muy difícil porque de repente se está quemando en un lugar y aparece un pájaro, que se prende fuego, y en el susto vuela y desata otro incendio. Y te da mucha lástima el bicho, el monte, que tienen que pagar por todo esto”

La Asamblea por el Monte, en un comunicado expresó su preocupación: “Llamativamente el fuego se reanimó en la tarde del sábado y continuó devastando el monte con certero rumbo hacia La Estancita, como siguiendo la traza de la ruta que desde 2013 la empresa pretende abrir para comunicar el country con el camino del Cuadrado (la Dirección Provincial de Vialidad ya rechazó ese proyecto”.

En La Estancita, los días se vivieron de manera muy intensa, noches sin dormir y de mucha caminata, que Nahir recuerda así: “Fue muy duro. No dormí ni el viernes, ni el sábado, estuvimos organizándonos con bomberos y brigadistas para evitar que esto sea peor”. Su coequiper Araceli refuerza: “Todavía no logro decantar las emociones que me produjo esta situación, solo puedo decir que tengo un nudo en la garganta. Me toca en primera persona, en la Reserva que vi crecer como guardaparque, y después como yuyera, apasionada del monte”.

La bronca es mucha, pero las y los vecinos de Sierras Chicas, pasados los incendios del 2020 decidieron organizarse en Brigadas Forestales autogestivas que, a través de capacitaciones y gestionando recursos y equipamiento, se preparan para combatir el fuego. Virginia Sánchez Domínguez, bióloga integrante de la brigada “Isquitipe” de Río Ceballos advierte: “Muchas veces la resistencia de las instituciones para aceptarnos, por una cuestión de cuidado, es complicada. Pero hemos logrado sortearlo demostrando nuestro profesionalismo e interés en hacer las cosas bien. Hoy estamos satisfechxs por haber logrado ayudar, de manera organizada, consciente. Queremos seguir por este caminito para que siga habiendo monte, que es nuestra casa”.

Este sistema propone un modelo que acentúa las crisis a las que se enfrenta la sociedad, especialmente la climática y ecológica: “Estamos peleando con un monstruo gigante, que es el sistema, las instituciones. Detrás de todo esto hay dinero. Quieren devastar todo el monte y poner rutas accesibles para que la circulación (y con ella el extractivismo a escala de recursos naturales) sea rápido, todo lo piensan en esos términos. Es aterrador. No tienen idea del costo ambiental que tiene todo esto para las futuras generaciones. Faltan políticas públicas y decisiones políticas”, sostiene Nahir.

Si bien a principios de año se celebró la aprobación de la ley de Educación Ambiental, que pretende que los estudiantes puedan adoptar un enfoque que permita comprender la interdependencia de todos los elementos que interactúan en el ambiente; el camino es duro y muy lento, tiene que haber una implementación inmediata. La justicia no actúa y el estado una vez más, sea del partido que sea, mira para un costado.

Estamos esperando que se aplique el Plan Provincial de Manejo de Fuego, que no está implementado. Estamos pagando un impuesto que no sabemos a dónde está yendo. No hay prevención, no hay promoción para el desarrollo de brigadas forestales, ni hay restauración post fuego, ninguno de los objetivos se está cumpliento” expone la brigadista Virginia.


Al matar nuestra tierra, al contaminar nuestras aguas y nuestro aire, contaminamos todo un ecosistema que no tiene una segunda oportunidad. En lo palpable las pérdidas son enormes: flora y fauna nativa, árboles autóctonos con más de 100 años y Jesús lo lamenta; “Lo que se pierde en un incendio no lo recuperas nunca más. El campo no se recupera de hoy para mañana. Lo que se quemó ahí, tarda 10 años en hacerlo. Y enseguida ya tenés otro incendio, así es imposible”.

Además, se pierden microorganismos del suelo, que generan pérdida de servicios ecosistémicos. ¿Qué son los servicios ecosistémicos? Calidad de vida: perdemos aire puro, regulación del clima, agua potable que se contamina con el hollín. Cómo si fuera poco, la pérdida del suelo aumenta el riesgo de inundaciones porque la tierra que se quema no podrá, por un tiempo, retener el agua en una lluvia: “Se pierde una parte de todxs nosotrxs, de cada unx, la más vital. Se pierde identidad, cultura, patrimonio. Pero la naturaleza es sabia y sabe bien qué hacer y cómo volver”, ilusiona Araceli, y Nahir agrega “Es que se pierde biodiversidad, fauna, se pierden recursos. No sólo en cuánto a lo que nos beneficia en lo personal, este es el pulmón verde. Se pierde el futuro, se pierden historias”, afirma Nahir.

Para quienes el monte es su fuente de trabajo, su medio de producción, la pérdida es atroz, y Jesús lo sabe de primera mano: “Cuando me entero de algún incendio intencional, me enferma la cabeza. Me saca de las casillas. Porque me hace daño a mí, al vecino, al monte. Se te mueren caballos, una vaca. O se te rompe un alambre y no lo levantas nunca más, por el precio que tiene. Un poste chiquitito te sale $1000, y no tenés que poner 1, tenés que poner 200,300 postes. Y además el alambre, que sale $15000”.

A varios días del comienzo de la pesadilla, todavía no aparece la calma en Salsipuedes y la preocupación en los vecinos y vecinas permanece: “Seguimos alerta, las condiciones de calor, el viento, la poca precipitación y la baja humedad, hacen que la situación sea muy riesgosa, en este momento se está prendiendo fuego una zona de Calamuchita”. 

La mayoría de los incendios se prenden de manera intencional, hay una intención política clara que agrava la situación, con complicidad mediática y gubernamental que acompaña estas tragedias ecológicas. No nos podemos dar el lujo de seguir perdiendo el monte, con todo lo que representa para seguir sosteniendo la vida. Es imperioso que haya justicia y sanciones concretas a los responsables directos e indirectos de los incendios. Necesitamos que aparezca la voluntad política de manera urgente, las autoridades tienen que capacitarse y tomar decisiones acorde a los tiempos que corren.

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