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Horacio Machado: el extractivismo, la primera pandemia (parte I)

30/07/2020

Horacio Machado Aráoz nació en San Fernando del Valle de Catamarca. Su currículum lo titula como doctor en Ciencias Humanas, magíster en Ciencias Sociales, licenciado en Ciencia Política y más. Docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca, investigador de espacios como CONICET y CLACSO, escritor de los libros "Potosí, el origen. Genealogía de la minería contemporánea" o "15 mitos y realidades de la minería transnacional en la Argentina", en co-autoría con Maristsella Svampa y otras figuras claves para el conocimiento ecológico, político y sustentable.

Más allá de los títulos prestigiosos, Horacio se considera un:"aprehendedor de los procesos populares, buscando contribuir desde mi oficio al fortalecimiento de las luchas. Me fui transformando en función de comprender los problemas. Diría que he adquirido una mirada donde veo que la raíz está en la apropiación desigual de los medios de vida y del proceso de producción de la vida. Sustentabilidad y justicia son dos cosas que van de la mano".

-LP (Lautaro Palacios): Actualmente transitamos un contexto de crisis global atravesado por una pandemia, donde las consecuencias del capitalismo nuevamente son revisadas. No podemos dejar de pensar al extractivismo como parte fundamental del problema ¿qué vínculo encontrás entre estos elementos?

-HM (Horacio Machado): Nosotros decimos que el extractivismo es la matriz por la cual se ha configurado la autoconcepción del humano y la relación de la sociedad moderna con la vida. Se trata de un modo y un sistema perceptivo, cognitivo y práctico que parte de una idea que es científicamente falsa. La ciencia moderna paradógicamente está construida sobre una idea mítica, que es el antropocentrismo, cuya ideología piensa lo humano por encima de la tierra desde una lógica de superioridad, exterioridad y entabla relaciones absolutamente instrumentales. Esto tiene menos de 550 años y se comienza a estructurar desde la filosofía moderna con Descartes, Bacon, en adelante.

Desde lo que se conoce como la última Revolución Científica de 1930 en adelante, se empieza a producir desde la física cuántica y el relativismo de Einstein, desencadenando en una serie de nuevas perspectivas en la física, la química, la biología, la matemática. La ciencia occidental empieza a tomar una idea completamente distinta.

Desde las tradiciones filosóficas de occidente y de las culturas de otros pueblos, la tierra siempre fue pensada como un ser viviente asociado a la idea de lo misterioso, pero no como algo oscurantista, sino que excede nuestra capacidad de comprensión y de conocimiento. Un mega-organismo viviente a partir de una comunidad de comunidades vivientes.

Hay una bióloga nortemaricana, Lynn Margullis y un biólogo, James Lovelock, que hablan de la 'Hipótesis Gaia', al día de hoy la hipótesis científicamente más consistente sobre qué sería la tierra, apartándose por completo de la noción de 'recursos naturales'.

-LP: Partiendo de éstas nociones que tensionan la raíz occidental, hablamos también de un sistema político institucional constituido desde raíces europeas, también en crisis ¿Cómo podemos plantear la matriz institucional dentro de estas tensiones?

-HM: Nosotros decimos que estamos en una crisis civilizatoria. No hay dimensión de la vida social que no esté en crisis y que no sea parte del problema, porque todas están interrelacionadas. La concepción sobre la tierra no es algo aparte del sistema político, ni del económico. Un modelo civilizatorio construye un régimen de naturaleza sobre el que se construye un régimen de verdad, cognitivo, una concepción de sujeto. La forma de organización de las relaciones sociales tiene su raíz en esto.

En 1492 nace una nueva idea de riqueza vinculada con la acumulación de valor abstracto y no de valor concreto, desde la cual el Estado y el capitalismo se van configurando. No hay Estado moderno antes de la colonización del mundo, gestada a partir del Siglo XVI. El capitalismo desde sus orígenes es un sistema mundial que necesitaba de la plata y el oro de América para intensificar el volumen del comercio de Europa ligado a la compra de productos de lujo que proveía China como la gran economía del siglo XVI hasta el siglo XVIII. La Revolución Industrial, que pasa dos siglos después, sucede como epicentro de todas las zonas de saqueo: el tráfico de esclavos, el régimen de plantación, los metales preciosos.

A partir del mercantilismo se van configurando los estados como aparatos de guerra que se usan para controlar vastos territorios y poblaciones a larga distancia.

Por eso decimos que el problema es integral, donde además el ser humano se piensa incluso por afuera de las relaciones interpersonales. La filosofía política moderna piensa al individuo como entidad pre-existente a la comunidad. Desde Hobbes, Locke, Rousseau, se piensa la relación contractual de los individuos a partir de intereses, lo cual es pura metafísica, ficción, una creación socio-cultural que nunca existió históricamente y que al día de hoy tiene un montón de consecuencias. Se piensa la sociedad en términos de propiedad individual y a la democracia como un mercado de electores. Entonces, los candidatos políticos y la fuerza política son ofertas, y los más votados son el producto elegido.

La filosofía moderna piensa la separación entre razón y emoción, espíritu-cuerpo y todas esas miradas dualistas. Lo que preexiste es la comunidad, en el caso humano inseparablemente biológica y política. Estamos integrados a través de cadenas tróficas que nos transmiten las energías vitales haciendo posible nuestra vida. Necesitamos de la reciprocidad. El desafío es cómo constituimos un régimen político de gobierno que esté estructurado sobre la preservación de los valores comunes de esa comunidad.

-LP: Con respecto a la disputa científica y la producción de subjetividad dentro de un sistema mercantilista ¿Qué tiene que ver la academia en los modos de construcción del quehacer cotidiano?

-HM: Cuando hablamos de la academia nos referimos a un sistema científico hegemónico, pilar fundacional y estructurador del modelo civilizatorio colonial, capitalista, patriarcal moderno. Éste trípode de poder es el Estado, la ciencia y el capital. Las propias ciencias naturales nacen acá en América. Alexander von Humboldt y después Charles Darwin son quienes vienen y hacen los primeros estudios de la filosofía naturalista, pasando de un plano especulativo a uno empírico y experimental. La observación y la clasificación comienzan a ser la base del nuevo conocimiento biológico, geográfico y todo el espíritu científico moderno empieza a constituirse desde la búsqueda del conocimiento como medio de control, apropiación y valorización de la tierra como recurso. No es casual que vinieran como parte de misiones militares, buscando descubrir cosas que pudieran ser vendidas o usadas en el arte de la guerra, dándole superioridad militar y geo-política a algunas potencias que estaban disputando apropiarse del mundo. Ese es el origen de la ciencia.

Hay un historiador norteamericano, Donald Worster que dice: "bajo éste régimen, mientras más conocemos más peligrosos nos volvemos para nosotros mismos". La ciencia en su vertiente hegemónica se constituyó pensando el conocimiento como medio de control y de dominación.

Lo podemos ver ahora en la carrera que hay entre universidades, laboratorios y estados por descubrir la vacuna contra el coronavirus. Es un gran negocio. Todo lo que no sea rentable no es objeto de investigación, porque la utilidad pasa a ser la posibilidad de mercantilización de ese conocimiento. En materia de salud se investigan las enfermedades de los sectores sociales que tienen mayor poder adquisitivo, no las enfermedades más extendidas.

La industria armamentística siempre ha estado a la vanguardia de la innovación tecnológica. Todo lo que hoy usamos y disponemos ha sido primero tecnología militar; una vez que dejó de ser una ventaja estratégica recién fue abierto al uso civil. Lo que tiene que ver con el modelo industrial basado en el uso de agrotóxicos ha sido sobrante de insumos de la Segunda Guerra Mundial. Monsanto no era una empresa ligada a la agricultura, sino que estaba dedicado a la producción de armas químicas para el ejército norteamericano.

-LP: ¿Cómo ingresa el concepto ecología política en esto?

-HM: La ecología política es una epistemología política que piensa el conocimiento como un medio de poder y por tanto se problematiza qué conocimiento, por qué, para qué fines, para qué tipo de sujetos sociales se produce. Por otro lado, piensa que no se puede crear para controlar o dominar la vida, sino para comprender cómo funcionan los sistemas vivos.

-LP: ¿Cómo nos posicionamos ante un Estado argentino que mantiene prácticas como el agronegocio, el fracking y la megaminería, sabiendo la nocividad que esto trae?¿Qué hace falta para revertir este escenario?

-HM: Nosotros nos posicionamos desde 1492 hasta la actualidad como proveedores de materia prima. Las ciencias sociales nacen en América Latina analizando y criticando ese régimen que se consolida en el Siglo XIX, cuando teóricamente dejamos de ser colonias para ser repúblicas independientes basadas en la economía primario exportadora. En 1810 dejamos de tener un pacto colonial con España y comienza un pacto neo-colonial con Gran Bretaña. A partir de la Segunda Guerra Mundial se da una re-configuración del pacto neo-colonial, cuando Estados Unidos desplaza a Gran Bretaña como el epicentro geo-político del capitalismo mundial.

Entre 1945 y 1970, por el conflicto este-oeste, el contexto de decolonización de África y de Asia, hay una serie de resistencias populares mundiales, lo que se llaman los movimientos nacionales populares, que apuntan a la búsqueda de la independencia.

En Argentina el peronismo ensayó un proceso de industrialización sustitutiva de importaciones donde se proponía cambiar esa matriz primario exportadora para volver a ganar independencia económica, junto con independencia política y justicia social. Supuso que íbamos a llegar a un equilibrio de clase entre una burguesía nacional, interesada en el desarrollo del mercado interno y una clase trabajadora fortalecida como mercado de consumo de esto. Eso se quiebra en los 70' y comienzan los distintos ciclos del neoliberalismo con el Terrorismo de Estado, siguiendo con la crisis de la deuda en los 80', con el Consenso de Washington en los 90' y pasa al Consenso de Beijing del 2003 en adelante. El capitalismo produce lo que se llama una híper-globalización, una re-estructuración de la división internacional del trabajo, habiendo un fuerte desplazamiento del epicentro atlántico hacia el pacífico y la emergencia de China como el gran taller del mundo. Los países capitalistas dominantes, osea Europa Occidental y Estados Unidos, desplazan las industrias maduras e intensivas del trabajo y tecnología hacia China simplemente por el costo de la mano de obra, quedándose con el control financiero y el diseño industrial de alta tecnología, mientras nosotros pasamos a ser los súper proveedores de materias primas.

En el Siglo XXI nuestras economías son del Siglo XIX. Nacimos al mundo exportando cuero, lana, grasa, tasajo, trigo, y estamos en el siglo veintiuno exportando barro mineralizado, soja y derivados de la soja. La relación de dependencia ha sido intensificada.

El monocultivo es un régimen colonial pensado para proveer y abastecer a otros países. Lo primero fue la caña de azúcar, producto suntuario de la nobleza europea en los siglos XVI y XVII, lo cual significó un gran desmonte, aumentar la escala de la explotación y la mano de obra esclava y simplificar biológicamente esos territorios.

Empieza en el Caribe, el norte de Brasil y las colonias del sur de América del Norte con la plantación de algodón y tabaco, que abastecen a la Revolución Industrial en Gran Bretaña, potencia industrial del siglo XIX siendo su principal industria la textil sin producir un gramo de algodón, porque se producía con los esclavos de otros territorios colonizados como India y Egipto. Hoy en día con caña de azúcar se hace el agrocombustible, biodisel, etanol, para abastecer la industria automotriz.

En Argentina hay una clase terrateniente muy poderosa configurada a partir de éste régimen extractivista que controla resortes del Estado, del aparato científico y de la estructura corporativa de las empresas. Traducido en términos sociológicos: significa que hay pocas personas con mucha tierra.

Estamos intoxicados del modelo del agronegocio. Podríamos hacer un proceso de desojización diversificando la estructura socio-productiva de nuestro sistema agropecuario, complejizando las relaciones socio-productivas. Aumentaron los millones de toneladas de soja para que alimenten cerdos, pero hemos perdido de una gran diversidad de cultivo.

En el caso de la minería y del petróleo es un poco más complejo. Somos un país en el que la minería trasnacional tiene apenas 30 años y empieza con Menem. El modelo minero es completamente exógeno, no hay una élite o clase interna asociada al negocio minero trasnacional. Básicamente ha pasado que algunas personas que sabían de los trabajos de exploración y los mapas geológicos mineros que hacía el Ejército argentino, se apropiaron de esa información para aliarse con empresas trasnacionales extranjeras y que tienen el control de la tecnología, las redes comerciales, los circuitos financieros y de toda la cadena de procesamiento y transformación de los minerales. Nosotros no tenemos nada de eso.

Pensando en términos de qué transformar para salir de ésto, te diría que es mucho más fácil para Argentina prohibir la megaminería, porque no somos Chile o Perú que son países mineros desde la colonia y tiene instalada una fuerte oligarquía minera.

Lautaro Palacios

Estudiante por siempre. Paleontólogo frustrado. Fuera Porta.
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