El Encuentro de Educadorxs Populares “Paulo Freire”, que se dió en la Ciudad de Córdoba convocó a cientos de personas llegadas desde Kurdistán, Cuba, El Salvador, Colombia, Brasil, Uruguay, España y por supuesto, de casi todas (si no todas) las provincias de Argentina.

Por Lautaro Palacios para Enfant Terrible

En esos días hubo un tema recurrente: el avance del extractivismo, la resistencia de los pueblos originarios ante la constante avanzada sobre sus territorios, la crítica a los planes económicos que privatizan los bienes básicos para la supervivencia, las consecuencias evidentes del uso de agrotóxicos para el monocultivo, etcétera. En simples palabras, el sacrificio de pueblos enteros a favor de las grandes empresas estatales y privadas.

La educación popular parte de una base concreta que moviliza cualquier estructura y por eso es tan necesaria si queremos pensar proyectos alternativos a las modalidades de la educación disciplinante. Por esta misma razón es tan perseguida: por ejemplo en Brasil, con la asunción del fascista Jair Bolsonaro y el surgimiento del movimiento Escuela sin Partido, se inició una fuerte campaña para censurar a Paulo Freire y destruir todas las iniciativas educativas ligadas al desarrollo de la educación popular y de las pedagogías críticas.

Contraria a estas campañas de odio, el piso desde el que se solventa la pedagogía liberadora que toman los Movimientos de los Trabajadores Sin Tierra (MST) es el encuentro que conlleva el reconocimiento de la alteridad, propiciando la deconstrucción y reconstrucción colectiva de los saberes y la puesta en tensión de los conocimientos consolidados. En otros términos, entender que saber y conocimiento van de la mano.

Paulo Freire enuncia en su libro Pedagogía del Oprimido: “nadie lo sabe todo y nadie lo ignora todo”. Esta oración rompe con los paradigmas que incitan a la monopolización de los saberes enunciados desde conceptos rebuscados que generan brechas a la hora de comunicarnos, encerrados en grandes auditorios para unxs pocxs. La propuesta implícita en este enunciado invita a trabajar desde el reconocimiento propio, desde los sentires y el quehacer cotidiano.

Si hay formas de dominación, cruciales para un sistema global que se basa en la desigualdad y la (in)diferencia para solventar su dinámica, esas formas están dadas por hacer creer a todo un sector que sus saberes no valen y que hay que esforzarse más para adquirir los que sí son aceptados por la nueva dadora de respuestas: la ciencia.

Algo particular que hace a la educación popular es que no apunta a desarrollar grandes avances científicos innovadores, financiados por las potencias mundiales y multinacionales. Por el contrario, nace de los sectores campesinos, de los saberes ancestrales de los pueblos originarios, de los sectores empobrecidos por un sistema que no sólo centraliza el capital económico sino también cultural. No se basa en buscar saberes nuevos para dar respuesta a los problemas, sino de recuperar los ya existentes, propios de cada territorio y otorgarles el valor que merecen.

Los aportes de la educación popular tienen que ver con la resistencia y la construcción de un cerco al genocidio de la diversidad entendida en su mayor amplitud. Esta misma diversidad arrasada debe unificarse partiendo del entramado de consignas anticapitalistas, antipatriarcales, anticoloniales y antirrepresivas, con formas de educación pensada desde tiempos, espacios, dinámicas y agentes particulares de cada territorio, ampliando las dimensiones políticas.

Llevar adelante mapeos colectivos. Intensificar y multiplicar la participación en los espacios de encuentro, pensando además en esas luchas que se sabe que se dan pero que aún no son parte de la trinchera colectiva. Recuperar los aportes de la educación popular y la economía social y solidaria. Revisar las relaciones de poder dentro de los mismos espacios, erradicando las micro y macro violencias y el personalismo verticalista. Rellenar de contenidos los medios de comunicación alternativos y populares, compartiendo las experiencias y estrategias de cada foco de resistencia. En fin, entender que no existen conflictos aislados, rompiendo con las barreras de todo tipo, que nos impidan unificarnos y (re)conocernos.

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Redacción Enfant Terrible

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