"La libertad" un ejercicio ¿individual?

Muchas de las personas que se resisten a la vacunación toman una de las reivindicaciones claves del feminismo: "Mi cuerpo es mío". Tal como expresó recientemente la abogada defensora de 60 empleados judiciales de Córdoba que no quieren vacunarse. ¿La vacunación tiene que ver con el propio cuerpo o se trata del cuidado colectivo? ¿Qué lugar queda para acciones colectivas en épocas de extremo individualismo?

Por Redacción Enfant Terrible |

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En la actualidad, alrededor del mundo se enarbolan discursos sobre la libertad como una expresión de individualidad extrema. Movimientos autoproclamados como "libertarios" se adueñan de una valiosa y conflictiva reivindicación como es la de la libertad para reforzar posturas ultraconservadoras. El marco de la pandemia, de medidas de aislamientos y cuarentenas, fue aprovechado por estos sectores para robustecer sus posturas. Además, se sirven de las exigencias de autonomía que reclama el feminismo, como "mi cuerpo es mío" para negarse a cumplir ciertos cuidados.

Primero que nada, deberíamos diferenciar las posiciones que dudan específicamente de las vacunas contra el covid-19 del fenómeno "antivacunas", que surgió en años previos a la pandemia. Luego, mencionar que al menos en el caso Argentina, las ideas antivacunas son marginales.

En el primer caso, es decir quienes dudan de la vacuna contra el Covid-19 en particular, hay argumentos que tienen algún sentido: la velocidad con la que se desarrollaron las vacunas, las fases que se saltearon, y otros aspectos que pueden generar incertidumbres. De todos modos, son opiniones que no tienen sustento científico. Las pruebas de seguridad de las vacunas no se saltean, y los efectos adversos que puedan llegar a generar no son comparables al riesgo de contraer coronavirus y desarrollar un cuadro grave. Las vacunas son seguras. Además, son numerosos institutos y entidades los que evalúan su aprobación, por lo que sería sumamente difícil aprobar alguna que sea riesgosa.

"Todas las vacunas autorizadas son sometidas a pruebas rigurosas a lo largo de las distintas fases de los ensayos clínicos, y siguen siendo evaluadas con regularidad tras su comercialización. Además, los científicos hacen un seguimiento constante de la información procedente de diversas fuentes en busca de indicios de que causen efectos adversos.", Organización Mundial de la Salud.

Las vacunas, junto al agua potable, es la intervención sanitaria más efectiva, y que mejoró las condiciones de vida de millones de personas. La inmunización evita entre 2 y 3 millones de muertes anuales en todo el mundo por tos convulsa, sarampión, difteria, tétanos, entre otras enfermedades inmunoprevenibles.

Por otro lado, tenemos al fenómeno del movimiento antivacunas que ya crecía alrededor del mundo. Años antes de la pandemia, comenzaban a sentirse las consecuencias de negar la vacunación. Así, hubo brotes de enfermedades que se consideraban erradicadas. En el año 2019, Estados Unidos registró al menos 1.282 casos de sarampión, lo que representa el punto más alto de casos desde 1992. La infección volvió a ser un problema. Incluso en Argentina, ese mismo año, hubo un caso de sarampión luego de haberla declarado erradicada en 2016 al no registrar ningún caso desde el año 2000.

Sin embargo, como mencionamos más arriba, en el caso de Argentina, las posturas antivacunas son marginales, y en general hay alta adhesión y confianza en las vacunas.

Quizás hoy más que nunca queda en evidencia los serios problemas que implica la vacunación voluntaria en todos los casos. ¿Cuál es el límite de la autonomía si esa decisión atenta con el cuidado social? En ese sentido, hay que tener en cuenta que en muchos países del mundo la administración de las vacunas queda a decisión autónoma de las personas. Por ejemplo, les adultes a cargo de les niñes serán quienes decidan si vacunarles o no, aunque sean les niñes quienes corren peligro. Si las consecuencias de estas medidas comenzaban a tener impacto previo a la pandemia, hoy son mucho más palpables.

Actualmente, los países que más sufren el rechazo social respecto a la vacunación contra el covid-19 son en los que hace tiempo crecen posturas que niegan la necesidad de las vacunas, como Estados Unidos, Francia, Rusia, entre otros, están teniendo serios problemas para generar adhesiones respecto a la vacuna. Sin dudas tiene que ver con que la vacunación es una decisión totalmente individual.

El movimiento antivacunas surgió tras la publicación de un estudio realizado por el médico inglés Andrew Wakefield. En 1998, la revista científica The Lancet, publicó dicho estudio donde Wakefield sugería una relación entre la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola) y el desarrollo de autismo en niños a los que se le había sido administradas. Este estudio, rápidamente fue declarado como falso tras comprobar que varios elementos habían sido incorrectos y los resultados manipulados. Sin embargo, la retracción formal de la revista y la quita de matricula del investigador, no fueron suficientes para frenar el avance de un movimiento que ya estaba puesto en marcha. 

La preocupación por estas posturas no reside únicamente en los riesgos epidemiológicos, sino también en los discursos que desacreditan rigurosos procesos de comprobación científica. Por supuesto que son discutibles múltiples aspectos de la producción de conocimiento y, sobre todo, los que implican negociados millonarios con la salud y entidades privadas. Pero esas son otras discusiones que no tienen que ver con los mecanismos que desinforman, que difunden mentiras, que argumentan con datos que no son verdaderos. Hacemos referencia, por ejemplo, a las ideas que afirman que las vacunas son modos de control de la población, que contienen chips y otros dichos similares. Incluso, hay una vinculación entre estas posturas y las teorías conspirativas que señalan que la tierra es plana.

Estos tiempos que atravesamos, en los que la libertad está en boca de personajes y movimientos ultraconservadores, es muy importante volver a pensarla también como una cuestión colectiva, como una cuestión que no esté aislada de los problemas sociales. Porque sino, la libertad siempre es para unos pocos, a costa de unos muchos.

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