Agustina Tolosa o la tierra para quien la trabaja

La lucha por la vivienda en Córdoba obtuvo ayer una pequeña victoria: postergaron el desalojo de Agustina Tolosa. Desde El Talita, Salsipuedes se viene tejiendo una red popular, transfeminista y campesina que reclama el derecho a una solución habitacional integral en Córdoba y en toda Argentina.

Por Redacción Enfant Terrible |

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Por Prensa Comunitaria de Córdoba

Sobre la ruta que atraviesa Salsipuedes, hay una rotonda de la que sale un camino rodeado de bosque nativo. De la rotonda, cuelga un cartel pintado con temperas y, en una letra primorosa y colorida, dice “No al desalojo de Agustina”. Al final del camino, entre árboles originarios y rodeada de patos, gansos, perros y plantas, está Agustina, resistiendo.

Las cuatro hectáreas que habita y trabaja esta campesina de 70 años le fueron cedidas por el anterior intendente de Salsipuedes, Facundo Torres, hace dos décadas. Allí, Agustina crió a sus cinco hijos, a sus conejos, sus gansos, patos y perros, construyó comunidad y sentido de pertenencia. De un día para el otro, comenzaron las amenazas de desalojo.

Hoy, amanece con una pequeña victoria. Apenas 24 horas antes de que lleguen a su casa camiones y policías, anuncian que el desalojo se prorroga por 10 días hábiles (30 en total, hasta que se reanude la feria judicial).

La nueva fecha dispuesta por el juez Eduardo Bruera es el 6 de agosto. Agustina respira más tranquila, recorre de un lado al otro el pasto seco de su patio, atiende a todo el mundo con una sonrisa; los ojos, dos brasas de esperanza.

Se arma una ronda y comienza la asamblea. Casi medio centenar de vecinos, militantes sociales y territoriales, amigos y familiares de Agustina comienzan a enumerar casos similares en la zona: Cabana, Calera, Río Ceballos…

“Una familia aquí, otra más allá. Les dan cinco o seis mil pesos a cambio de sus viviendas, a otros los echan y algunos aún no fueron desalojados porque tienen casos positivos de COVID y no tienen dónde ir. Lo que pasa con Agustina es visible por lo desprolijo y grosero, pero hay muchos casos más”.

Agustina toma la palabra y, con la voz entrecortada, pero firme, habla de la tierra, del trabajo y de los miles y miles de compatriotas que construyen en sus terruños el sueño de una vida digna, de una vida mejor. “Que esta lucha sirva para que nadie se quede sin su derecho a la tierra”. Un aplauso rabioso y alegre se transforma en un grito colectivo. “La tierra para quien la trabaja”.

El viento sacude una bandera argentina atada a una tacuara verde. De las ramas de un algarrobo, cuelga la bandera de La Ollera Feminista, que intervienen en la asamblea para sumar una voz que también da cuenta de que este desalojo -suspendido de momento- no es un hecho aislado.

“Estamos convencidas de que el hecho de que Agustina sea mujer y campesina es un motivo más por el cual se empeñan en querer sacarla de esta tierra. Pero no está sola, vamos a acompañar su lucha para que, como Ramona, se convierta en un símbolo de resistencia contra la especulación inmobiliaria y por la vivienda digna para todas, todos, todes”.

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