La reelección de Schiaretti en Córdoba con casi el 54% de los votos refuerza la hegemonía del peronismo en la provincia y por primera vez en 16 años, también en la ciudad. El macrismo local implosionó y la izquierda volvió a presentarse incomprensiblemente fragmentada. La tendencia nacional marca el principio del fin de Cambiemos y su recambio nacional por un ¿«Peronismo Republicano»

El triunfo aplastante de Schiaretti en las elecciones provinciales ha puesto sobre la mesa -a pesar de las declaraciones del reelecto gobernador en su discurso de anoche-, la posibilidad del colapso de Cambiemos como frente político y su derrota en octubre a manos de un rejunte del mas amplio frente opositor. “Esta elección nada tiene que ver con las elecciones nacionales”, dijo y nadie le creyó.

Hacemos por Córdoba no contó solamente con los votos que el aparato gigantesco del PJ provincial garantiza todos los años electorales, sino también los del progresismo del PS, el GEN, el MID y por supuesto, los de Córdoba Ciudadana cuyo candidato Pablo Carro se cayó de la contienda electoral como Ícaro en el mar. Así las cosas, el 54% de los votos no son solamente una cosecha peronista, sino una expresión de la falta de alternativas reales y del rechazo popular a los candidatos de un Cambiemos fragmentado y en retroceso.

Contra todo pronóstico, y quizás fruto del exceso de cloacas rebosantes de mierda que afloran por las calles de la Ciudad de Córdoba, el candidato peroncho al Palacio 6 de Julio Martín Llaryora, también se impuso en los comicios. Al final habrá intendente peronista en la ciudad después de 16 años de alcaldía radical. Todo es algarabía en las Unidades Básicas de Córdoba.

No obstante, dada la estrechez de acuerdos políticos que el PJ cordobés sostiene con el gobierno de Mauricio Macri, es probable que la mierda siga fluyendo por las calles de Córdoba y el ajuste encarnizado continúe su curso como hasta ahora, en desmedro de las aspiraciones de la progresía que votó tapándose la nariz por la unidad del peronismo.

Párrafo aparte merecen las izquierdas, cuya fragmentación ha dado al traste con las tres bancas que el FIT sostenía en la legislatura provincial. A cambio, el MST logró instalar a Luciana Echevarría en la unicameral y el Frente de Izquierda retiene sólo un escaño. ¿Será esta una oportunidad para que se construya, ahora entre duelos y quebrantos, la tan mentada unidad de la izquierda? Esperemos que sí.

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Santiago Torrado

Menorquín en Argentina. Fotógrafx documental. Discuto política a los gritos y tengo un perro que se llama Lupo.
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