Trabajadorxs de la cooperativa Trabajadores Unidos por la Tierra recuperaron el ex Centro Clandestino de Detención José de la Quintana y lo pusieron bajo gestión popular. Un lugar de muerte y tortura muy presente en la memoria de lxs habitantxs del Valle de Paravachasca, hoy se convierte en espacio de lucha colectiva por el buen vivir, la soberanía alimentaria, y el trabajo popular.

Al sur de la urbe capitalina se encuentra el Valle de Paravachasca, en el departamento de Santa María. Entre las montañas serranas se ubica un pueblito centenario habitado por poco más de cien familias: José de la Quintana. En medio de senderos rurales poblados de espinillos y árboles nativos, crece un enorme Paraíso centenario, que marca un camino alternativo de entrada al ex Centro Clandestino de Detención “La Quintana”.

Las instalaciones constan del cuartel, que fuera asiento del 141º Grupo de Artillería durante la última dictadura militar, el predio de Fabricaciones Militares -aún en manos del ministerio de Defensa- y Los Polvorines, donde los habitantes del valle recuerdan los años oscuros y sangrientos de secuestros, muerte y tortura que se vivieron entre esas paredes, desde principios de 1976. 

43 años después de la dictadura, lxs vecinxs del pueblito aledaño a las instalaciones militares que hoy se herrumbran al calor de la vegetación y la humedad serrana, se agruparon hace dos años en la cooperativa Trabajadores Unidos por la Tierra nucleada en la Confederación de Trabajadorxs la Economía Popular, y comenzaron a exigir la puesta bajo control popular del espacio. Este 24 de marzo celebraron su victoria.

“Recién estamos conociendo su historia, y está siendo muy movilizador para nosotros; de hecho cuando entramos al espacio vacío la energía te pechaba muy fuerte” declararon a La Nueva Mañana

La incansable lucha por la gestión popular del que hoy ya es un espacio de memoria recuperado, involucró a los poco más de 400 habitantes de San José de la Quintana, que dejaron claras sus intenciones: “Queremos garantizar la soberanía alimentaria para las familias que trabajamos, poder proveer alimentos sanos a un precio justo y tejer redes con los comedores y merenderos populares en las ciudades

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Santiago Torrado

Menorquín en Argentina. Fotógrafx documental. Discuto política a los gritos y tengo un perro que se llama Lupo.
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