Mesa Agroalimentaria Argentina para alimentos sanos y soberanos

En junio de 2021 se lanzó en nuestro país la Mesa Agroalimentaria Argentina que nuclea diversos sectores que abogan por la ruralidad agroecológica como alternativa de producción al agronegocio. En Córdoba ya existe una regional que integra a espacios del norte, centro y sur de la provincia. En este marco hablamos con Santiago Elena, parte integrante del Movimiento Campesino de Córdoba: "se ha generado un sistema de producción de alimentos en manos de empresarios que no piensan al consumidor y al alimento como un bien social, sino como una mercancía, sin importar en qué condiciones se produzca".

Por Redacción Enfant Terrible |

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Archivo Enfant Terrible

En junio de este año se lanzó la Mesa Agroalimentaria Argentina (MAA) en la provincia de Mendoza. De manera más reciente, el pasado 31 de agosto, en Córdoba se inauguró una regional presentada en la localidad James Craik al sur de la capital, en la cooperativa láctea La Craikense.

La MAA surge como un núcleo de organizaciones campesinas, productoras y cooperativas conocidas como "el otro campo" diferenciado del campo arrasado por el monocultivo de soja y/o maíz, fumigado con agrotóxicos importados. Surge luego de ver cómo en 2020 los incendios intencionales quemaron más de 1 millón de hectáreas en Argentina. Surge también, mientras empresas como Syngenta buscan profundizar los paquetes tecnológicos de producción con el trigo transgénico HB4, gracias al desarrollo de tecnología nacional estatal.

Nace también, luego de un 2020 donde los sectores sojeros acumularon más de $14 mil millones de dólares, concentrando sus riquezas gracias a la tenencia exclusiva de la propiedad privada, mientras Argentina asistía todos los frentes de la crisis económica, social y pandémica. La MAA brota luego de ver cómo el sistema global colapsa por una pandemia mundial, obligando a repensar nuevas alternativas de vida, de producción y consumo.

En este contexto de crisis generalizada, pero de esperanzas sembradas, hablamos con Santiago Elena, parte integrante del Movimiento Campesino de Córdoba (Movimiento Nacional y Campesino-Indígena Somos Tierra) que integra dicha Mesa Agroalimentaria Argentina.

-¿En qué consiste la Mesa Agroalimentaria en Córdoba y cómo está conformada?

-Está convocada, en primera instancia, por tres organizaciones que arrastramos un vínculo de mucho tiempo, ligado a la comercialización y gestión en el Estado: el Movimiento Nacional Campesino Indígena Somos Tierra (MNCI ST), la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y la Federación de Cooperativas Federadas (FeCoFe).

La particularidad que tiene la Mesa Agroalimentaria de Córdoba es la diversidad de producciones. Los sectores que representamos nosotros -el Movimiento Campesino de Córdoba- están en el arco noroeste de Córdoba y son fundamentalmente caprinos, familias campesinas en una zona seca y donde todavía persiste el poco monte nativo. También son parte productores del cinturón verde de la Ciudad de Córdoba y muy distintas son los productores organizados en la FeCoFe, que son cooperativas agrícolas-ganaderas ubicadas en el sur de Córdoba. Entonces, se cubre de alguna manera toda la geografía de la provincia, convocando sectores que no piensan en la producción de insumos para la agroindustria y la producción de granos para la exportación, sino que habitan la provincia y piensan el mercado de alimentos en un mercado de cercanía o mercado local de abastecimiento de alimentos.

La intención de convocar a otras asociaciones de pequeños y medianos productores (PyMP) y cooperativas u organizaciones, está siempre sobre el eje en la producción de alimentos y generar una organización del sector que permita convocar y pensar una regionalización (...) en Córdoba estamos conversando con sectores apícolas y de producción porcina para sumarlos.

La Mesa Agroalimentaria tiene como objetivo ser una herramienta de presentación de este sector que abastece de alimentos el 60% de la población argentina, pero está muy disperso. Consideramos importante un espacio de representación que pueda ser interlocutor con el Estado, es decir, generar encuentros con autoridades e instituciones de la producción agropecuaria y sentarnos en la mesa donde se toman las decisiones y se piensa la política pública agraria. Además, somos productores y organizaciones que tenemos experiencia cotidiana en el territorio, con ideas de cómo mejorar las condiciones de producción.

Las cadenas que hoy abastecen a la provincia son pocas, están en pocas manos. Entonces, fuimos construyendo estrategias propias de comercialización de nuestros productos. Uno de los pasos como Mesa es poder construir centros de acopio y distribución en los centros urbanos donde hay más consumidores, que nuestra producción llegue más fácil. Tenemos la experiencia de la UTT en Buenos Aires y también del MCC en Córdoba con Monte Adentro.

-¿Qué propuestas tienen de cara al Estado?

-La pandemia puso en debate a nivel mundial el tema de la producción de alimentos, la calidad, quiénes producen esos alimentos. Entonces, la MAA trae como propuesta la necesidad de desarrollar este sector partiendo de políticas públicas que lo permitan, mejorar las condiciones de vida de quienes producen en el campo. También la posibilidad de que más personas se queden, lo que llamamos el arraigo rural, que más jóvenes también se asienten en el campo para que puedan producir y garantizar mayor cantidad de alimentos de calidad.

Somos un actor central para pensar estas luchas que tenemos, para que los alimentos no suban los precios de la manera en que vemos, que el consumidor acceda a alimentos de calidad y precios justos.
Poder pensar una transición a la agroecología.

Si se desarrollan estos agricultores familiares y campesinos, cooperativas y PyMP, no tenemos dudas que podemos abastecer con mayor volumen de alimentos a población (la cual también vive cerca de nuestros pueblos), porque permitiría a los alimentos llegar sin recorrer grandes kilómetros y que no se concentre en algunos pocos centros de distribución.

-¿Vienen impulsado proyectos de ley que consideren urgentes?

-Junto a la UTT venimos trabajando la Ley de Acceso a la Tierra. Tiene que ver con la particularidad del sector que representan, con los productores de verduras y frutas, pero pone en debate la cuestión del acceso y la tenencia de la tierra. Además, piensan la tierra como un bien social, uno de los puntos más importantes que supimos proponer en la Ley de Reparación Histórica de Agricultura Familiar, que se aprobó y necesitamos que se reglamente en Córdoba. También, si bien no ha sido impulsada por la Mesa Agroalimentaria, la Ley Etiquetado Frontal nos parece interesante por la cuestión sobre qué tienen los alimentos que se consumen y quiénes los producen.

En la agenda de la regional Córdoba, nos propusimos poder generar la unión con distintas instituciones como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), pensando en las normativas sobre nuestras pequeñas experiencias de agroindustria, donde le damos valor agregado a la materia prima y generamos puestos de trabajo. Pretender una legislación que se acerque más a la realidad de estos sectores, porque por ejemplo, habilitar una sala de producción implica un sinfín de trámites a los que muchas veces no podemos acceder.

-¿Cómo impacta la crisis del país en la organización y producción?

-El contexto de pandemia ha llevado a que el mercado de los alimentos y la tenencia de la tierra estén cada vez más concentrados en pocas manos. La MAA viene a poner en debate ese modelo agropecuario que excluye gente del campo, que avanza sobre los territorios de familias campesinas, a través del desmonte y la frontera agropecuaria. Este modelo representa a las grandes corporaciones del campo que son parte de la misma estructura de concentración del mercado de alimentos, es decir, la producción, el acopio, la distribución y la venta. Son los mismos que terminan, por su capacidad de acopio, poniendo los precios de los alimentos y por ende, de nuestro trabajo. En ese contexto la Mesa pretende discutir otro modelo agroalimentario en Argentina, que democratice la tierra, las cadenas de alimentos, la distribución y la comercialización.

Pensando en la crisis que nos atraviesa, podemos verla en dos aspectos: muchas producciones están dolarizadas, porque muchos insumos que utilizan están sobre esos precios. Esto nos abre una punta para plantear un modelo que permita desvincularnos de esos insumos y poder construir los propios a partir de bioinsumos, biofertilizantes, lo que entra en lo que reconocemos como agroecología.

Hoy también hay más demanda de alimentos sanos, entonces se ha ido construyendo un escenario en este contexto terrible, que ha permitido poder visibilizarnos un poco más también.

-Pensando en los paquetes tecnológicos del agronegocio, llama la atención que un argumento planteado por los sectores hegemónicos es que los movimientos campesinos buscan retrasar esa tecnología, ¿cómo es su postura frente a estas afirmaciones?

-Cuando nos movilizamos en Córdoba defendiendo el poco monte que queda, el ataque de los grandes medios de comunicación y desde el núcleo de empresas o representantes del agronegocio, era que nosotros no traíamos el progreso. Que en el monte no se podía producir, que la ganadería necesitaba mayor espacio para desarrollarse, tener mayor cantidad de ganado en pie y bajar el precio de la carne. Sin embargo, esos métodos que plantean estas corporaciones o representantes son responsables de las crisis sanitarias de hoy en día. Las grandes pestes o pandemias que hoy se han generado vienen de la producción agroindustrial de alimentos. En Córdoba tenemos los ejemplos del desmonte, los incendios, las inundaciones en el sur de la provincia de Córdoba y Santa Fe. Hay a la vista un montón de consecuencias mientras hablan de progreso y desarrollo, una población con problemas de salud permanentes, con nuevas enfermedades que aparecen. Toda esa complejidad ha generado este sistema de producción de alimentos en manos de empresarios que no piensan en el consumidor o al alimento como un bien social, sino como una mercancía, sin importar en qué condiciones se produzca.

Nuestros compañeros y compañeras muchas veces dicen que los alimentos que producimos los consumimos en casa primero. Eso es una garantía de que el alimento es sano, de calidad y es un poco la salida a esos conflictos y consecuencias.

Nosotros no estamos en contra de que exista la maquinaria de producción agropecuaria. Ni siquiera decimos estar en contra de los que producen para la exportación, o que estamos en contra de la exportación. Como país necesitamos la exportación, pero también necesitamos discutir qué alimentos consumen nuestros compatriotas. Con toda esa maquinaria que tiene el agronegocio, si se democratizara, si pudieran acceder los PyMP a esas condiciones, los alimentos estarían garantizados y estaríamos discutiendo otras cosas. Pero como no somos los que traemos dólares, quedamos afuera de las mesas de debate.

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