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«Imaginar es ausentarse, lanzarse hacia una vida nueva”. G. Bachelard.

Un libro se lee con el tacto, de eso muchas veces nos olvidamos. Nuestra primera lectura es siempre a través de la piel. La forma amigable de un libro, su tecnología inmejorable, nos abre la epidermis. La presencia del libro en un estante mejora una habitación. Notamos su presencia de soslayo, entre el quehacer cotidiano, inconscientemente. Ese mundo estará ahí aguardando. Es un refugio. Mi trabajo como profesor de literatura y como lector de Tarot Marsella tiene que ver con mantenerse permisivo a las influencias del lenguaje en toda su expresión.

Leemos carteles, graffitis, las huellas de un pájaro que bien semejan una e o una a. Leer también es una forma de convivencia. Hace un tiempo me encontré con un escritor muy profundo: Gastón Bachelard. Su obra es inclasificable. Fue poeta, físico, filósofo. El libro que estoy auscultando es «La Poética del Espacio». Este autor empezó a convivir en mi casa, se mudó con sus interrogantes y con sus posibles respuestas. La obra así titulada reflexiona acerca de la inspiración, la infancia: sus espacios de imaginación y de sueño en un sentido psicoanalítico. Constantemente se obsesiona acerca de la función del poeta y su alimentación abstracta y concreta. Es un texto que se puede abordar con intereses previos: un poeta puede naufragar allí porque el lenguaje es bellísimo; alguien que filosofa se sentirá a gusto con las preguntas que emergen; quien ame la literatura encontrará intertextualidad y quien profese el psicoánalisis podrá encontrar lúcidas declaraciones de cómo funciona nuestra psiquis. Mejor aún es abordar el texto sin pretensiones previas, entrar y dejarse absorber.

En mi caso el libro apareció entre medio de los turnos de las lecturas de Tarot. Volvió a aparecer en el Café Los Errantes donde sirven el mejor café colombiano de Olavarría. También en la siesta calurosa como material que se convirtió en espirales de sueño. Bachelard a su vez va tomando fragmentos de poetas franceses simbolistas y surrealistas que son exquisitos. El autor dice que una casa sólo funciona como tal cuando uno tiene acceso a la imaginación. Uno está en casa cuando sueña o cuando imagina. La poesía proviene de esa relación onírica con el espacio que habitamos.

La obra de Bachelard y precisamente «La Poética del Espacio» es un libro que nunca terminaremos de leer porque alcanza en su línea argumentativa momentos de súblime belleza linguística. Podemos leerla para aprender y disfrutar del goce del lenguaje. Muchas veces después de haber declarado «leído» a un texto nos vuelve a visitar en forma de recuerdos o relecturas. A veces porque nos gustó un libro tememos volver a re leer. En este caso la relectura mejorará aún más nuestra amistad con el autor.


Esteban Cristóbal Baldomar para Enfant Terrible.

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Redacción Enfant Terrible

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