Alberto Fernández y el discurso "color piel"

El presidente Alberto Fernández fue el meme del día de ayer a raíz de su discurso en el encuentro con su par español Pedro Sánchez Pérez Castejón. Horas más tarde se disculpó públicamente por sus comentarios. ¿Por qué atrasa que el primer mandatario diga que bajamos de los barcos?

Por Santiago Torrado |

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Lo que pretendía ser una cita del escritor mexicano Octavio Paz, y en realidad era un tema de Lito Nebbia, terminó siendo un furcio del presidente Alberto Fernández, quien poco después debió pedir disculpas. Sin embargo, el acto fallido es aquí una expresión acabada de un mito fundacional: "los argentinos bajamos de los barcos".

La idea de que los argentinos somos el resultado del encuentro armónico entre naciones, la suma de culturas diversas sin contradicciones ni violencias es, además de una mirada maniquea de la historia, el fundamento de la ideología liberal que justificó el genocidio indígena durante la "Campaña del Desierto", el despojo territorial sin solución de continuidad desde el siglo XIX hasta nuestros días, el exterminio y epistemicidio de comunidades enteras, y más acá en el tiempo, el ecocidio como política ambiental, sin distinción de colores políticos ni gobiernos.

Lo cierto es que la pifia de Fernández es poco más que una anécdota, si consideramos que esa misma matriz discursiva anida en todas las instituciones públicas y -especialmente- privadas del país, habita instituciones jurídicas y políticas, divide y organiza nuestra sociedad desde hace varios siglos.

La concepción del argentino como el "más europeo" de los países latinoamericanos, la negación de lo indio, de lo afro, de la identidad marrón, contribuye a crear y profundizar la verdadera grieta que importa: que la Argentina es plurinacional y multicultural, que la nación en tanto voluntad de ser en común, de ser con otrxs, no puede continuar su marcha sin incorporar política, social y jurídicamente los reclamos de sus naciones ancestrales, de sus pueblos originarios, de sus identidades no europeizadas ni blanqueadas.

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¿Es posible el horizonte de una Argentina plurinacional, donde el relato fundacional no parta de un mito blanco, negacionista y estructuralmente colonial? Quizás para ello haya que apostar por un modelo político integrador, respetuoso del territorio y las cosmovisiones, que fomente las lenguas y los conocimientos ancestrales, que recorra la historia sin cortapisas ni mistificaciones, en suma: hay que cambiar de paradigma. Si la política es el arte de lo posible, este es el momento de demostrar el compromiso del campo nacional y popular con la Argentina históricamente maltratada.

A las deudas históricas del Estado en materia de reconocimiento de estos y otros derechos, que exceden por largo al gobierno de Alberto, se le suman desafíos de la más vertiginosa actualidad. Las revueltas políticas y sociales de Ecuador, Bolivia, Chile y Colombia por nombrar algunos de los episodios más mediáticos, evidencian la urgencia de esos reclamos, que no están sujetos a calendarios electorales.

La presencia de delegaciones de La Minga, de la Confederación Nacional Indígena, o de las confederaciones Mapuches en las protestas y estallidos sociales de todo el territorio del Abya-Yala comienzan a irrumpir en el escenario político para exigir, además del reconocimiento adeudado, el respeto por la tierra, un cambio de paradigma que deje atrás y para siempre la estructura de coloniaje, saqueo y extractivismo que nos ha llevado al límite del modelo post capitalista globalizado.

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Santiago Torrado

Periodista y fotógrafo. Edito, escribo y leo. No siempre en ese orden.

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