Sáhara Occidental: las flores del desierto

Varias generaciones de saharauis esperan desde hace décadas la convocatoria a un referéndum que les permita ser libres. El reinicio de hostilidades entre el Frente Polisario y el Ejército Marroquí trae los ecos lejanos de la Marcha Verde, la traición de la monarquía española y el anhelo de una patria libre, justa y soberana en el desierto más grande del mundo.

Por Santiago Torrado |

🕒 6 minutos de lectura
Tinduf

En lengua bereber se conoce como Teneri al vasto desierto del Sáhara. Una enorme extensión de aridez esteparia y arena que contiene dentro de sí, el territorio de once países norteafricanos. Sin embargo, uno de esos estados no está formalmente reconocido y por eso, en la costa atlántica de África, volvieron a sonar disparos el pasado mes de noviembre.

Han pasado tres décadas desde que, en 1991 Naciones Unidas lograra un acuerdo de paz entre Marruecos y la República Árabe Saharaui Democrática. El acuerdo comprometía a las partes a llevar a cabo un referéndum vinculante, para que el pueblo saharaui pudiera ejercer su derecho a la autodeterminación.

Obviamente el referéndum nunca se celebró. En su lugar, Marruecos consolidó su ocupación del Sáhara construyendo el que es probablemente el muro más largo del mundo. Una mole de alambre de espino y cemento, compuesta de ocho tramos que suman 2720 km, rodeado de minas antipersona y custodiada con cámaras térmicas y soldados de élite las 24 horas del día. Esta muralla que divide en dos el territorio reclamado por la RASD obliga a una parte importante del pueblo saharaui a habitar en el desierto, en el Campo de Refugiados de Tinduf.

Las hostilidades entre militantes del Frente Popular por la Liberación de Shaguía-El-Hambra y Río de Oro (PO.LI.SA.RIO) y las tropas fronterizas marroquíes que ocupan el enclave desde 1975, se reiniciaron en la madrugada del pasado 13 de noviembre, cuando un puñado de militares y civiles marroquíes armados irrumpió en la brecha de El Guerguerat y atacó a una decena de saharauis. El Guerguerat es un paso fronterizo, que oficia como una virtual triple frontera, que une por carretera la República Islámica de Mauritania, el territorio saharaui ocupado por Marruecos, y la zona liberada donde viven los refugiados de la RASD. Es un polvorín en el desierto.

A la escalada de tensión, donde afortunadamente no se contabilizaron muertos, le sucedió una fuerte protesta de estudiantes saharauis que bloquearon en el paso fronterizo, las caravanas comerciales durante varias semanas. El 15 de noviembre, el presidente de la RASD Brahim Ghali declaró que Marruecos "viola sistemáticamente el alto el fuego" y que "Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad deben condenar en los más enérgicos términos". Esto último no sucedió.

Una herencia colonial

Para comprender la dimensión histórica de este conflicto olvidado entre las arenas de la estepa norteafricana hay que remontarse a finales del siglo XIX, cuando el Sáhara Occidental fue ocupado como colonia por orden del rey español Alfonso XII. Tras 78 años como "protectorado", en 1958, el llamado "Sahara Español" adquirió estatus de "provincia" y sus habitantes fueron reconocidos como ciudadanos españoles de pleno derecho.

En 1973 la desintegración del régimen franquista comienza a hacer crujir el gobierno y sus colonias, entonces nace como una flor rebelde en medio de la aridez, el Frente Polisario. Esta rama armada del Movimiento por la Liberación del Sáhara utilizará tácticas de guerrilla, sabotaje y propaganda para exigir a España el abandono de la colonia, reivindicando su derecho a la autodeterminación.

Por su parte, la monarquía marroquí que anhelaba explotar los recursos del desierto bajo dominio español, vivía una intensa crisis interna que incluyó dos atentados contra el rey en 1971 y 1972, presumiblemente orquestados por sus propios generales. Al comienzo de las hostilidades entre entre España y el Polisario, el rey Hassán II vio la oportunidad de unificar políticamente a sus opositores y fortalecer su gobierno, a la vez que se anexionaba el vasto territorio del desierto: nace la idea de convocar a la Marcha Verde.

Intrigas en palacio y ruido de sables en el desierto

En el contexto de la Guerra Fría, y teniendo en cuenta que la RASD se hallaba políticamente cercana al bloque soviético, la CIA a través del secretario de Estado yanqui Henry Kissinger, ofrece ayuda logística a Hassán II para apoderarse de la última colonia española y bloquear el nacimiento de un nuevo estado no alineado. Al mismo tiempo, ambas monarquías firman un pacto secreto por el que Juan Carlos se compromete a entregar el Sahara español a Marruecos a cambio del total apoyo político norteamericano en su próxima andadura como Rey de España.

Apenas cuatro días después de firmado el acuerdo, el 6 de noviembre de 1975, comienza la invasión al Sáhara, que contará además con financiamiento de los imanes wahabistas y los emires saudíes. La Marcha Verde fue una enorme expedición cívico-militar que movilizó 300.000 civiles y 25.000 militares a través del desierto. El Polisario se aferra a la lucha armada tras el abandono de la administración española del territorio y quedando directamente enfrentado a Marruecos.


La tensión en el desierto corta el aire. La ONU inaugura una misión permanente en el Sáhara y despliega cascos azules en la zona para poner paños fríos. El 14 de noviembre de 1975 se impulsa la firma un nuevo acuerdo, esta vez público y tripartito: el rey Hassán II, el presidente mauritano Moktar Daddah, y Juan Carlos I se comprometen a efectivizar el referéndum recomendado por el secretario general de Naciones Unidas, Kurt Waldheim.

Esta componenda, conocida como "los arreglos de Madrid" incluían cláusulas secretas sobre la explotación de hierro, gas, petróleo y fosfatos. Un año después de la firma del acuerdo, y ante la inexistencia de preparativos o voluntad de efectivizar el referéndum, el Frente Polisario proclamó la fundación de la República Árabe del Sáhara Democrática como estado independiente y le declaró la guerra a Marruecos.

Desde entonces, algunos combates esporádicos intentan patear el tablero de un juego de ajedrez que permanece estático. La Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) monitorea la agonía de varias generaciones de saharauis en los campos de refugiados de Tinduf, empujados a los márgenes del desierto por el muro de la vergüenza, alimentados sólo por el anhelo de recuperar la patria perdida.

Probablemente esta disputa olvidada de los centros de discusión geopolítica y alejada de las cámaras de las grandes corporaciones mediáticas abrigue un debate de mayor calado que el mero derecho a la autodeterminación de los pueblos. Una pulsión global por la reorganización de los pueblos en nuevas formas de sociedad, una tensión histórica entre las naciones y los Estados, entre las metrópolis y las colonias, entre las repúblicas y las monarquías. Seguramente, pensar en un Sáhara libre, nos haga más libres a todos.

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Santiago Torrado

Menorquín en Argentina. Fotógrafx documental. Discuto política a los gritos y tengo un perro que se llama Lupo.

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