Ascensión Mendieta pasó 78 años de su vida intentando recuperar los restos de su padre asesinado por el bando sublevado poco después de la guerra civil española. Tras años de litigio en la “querella argentina” encabezada por la jueza Servini de Cubría contra los crímenes del franquismo, pudo recuperar los huesos de su padre Timoteo sepultado en una fosa junto a otras 22 personas. Los Mendieta -padre e hija- serán enterrados juntos tras el fallecimiento de Ascensión que llegó a los 93 años peleando por la memoria y la justicia hasta el último día.

Ya no nevaba durante los últimos estertores del invierno de 1937 en Castilla La Mancha, aunque la primavera estaba todavía muy lejos. La densa niebla de la estepa castellana entorpecía el avance de los tanques italianos comandados por el general franquista José Moscardó durante la batalla de Guadalajara. Entre el silbido de esas bombas y el estruendo de aquella guerra entre las dos Españas, Ascensión Mendieta contaba once años siendo la menor de los siete hijos del matrimonio entre María ibarra y Timoteo Mendieta.

Su padre trabajaba como carnicero en el pueblo de Sacedón en la Alcarria y dirigía el comité local de la Unión General de Trabajadores (UGT). Tras la victoria del bando sublevado sobrevino para su familia y para toda España la larga noche del franquismo, al paso marcial de las tropas nacionales desfilando por Madrid. Al final de la contienda Franco prometió amnistía para “todo aquel sobre el que no pesen crímenes de sangre”, pero no cumplió. Se iniciaba el macabro relato de la reconciliación nacional según la doctrina nacional-católica.

Así fue que una oscura madrugada de 1939 llamaron a la puerta de la casa de los Mendieta. En camisón de dormir, Ascensión abrió la puerta a varios “hombres bien hablados” que se llevaron a su padre al que nunca volvería a ver. Timoteo Mendieta y otros 21 vecinos de la Alcarria fueran fusilados contra el muro del cementerio y arrojados a una fosa común. Ya nadie compraría en la carnicería familiar, que tuvo que mudarse a Madrid para esquivar las miradas de desprecio y el tizne de rojos que los acompañaría para siempre.

La justicia universal…tarde

A la muerte del dictador Franco las hijas de Timoteo, Paz y Ascensión, iniciaron trámites para recuperar los restos de su padre. Pronto se toparon con la inoperancia burocrática cuando no con el repudio explícito de los magistrados a tratar su caso que, como el de tantas otras familias, engordan los legajos de los juzgados de toda España esperando una justicia que no llega. En 2010 junto a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que reúne miles de casos como el de los Mendieta, presentaron ante la jueza argentina Servini de Cubría una querella para que se investiguen los crímenes del franquismo, en virtud del principio de jurisdicción universal.

En 2010 Ascensión viajó hasta Buenos Aires con 88 años cumplidos, para declarar por primera vez ante un tribunal su esperanza intacta por 70 años de ser enterrada junto a su padre. El exhorto emitido por De Cubría a la justicia española se hizo efectivo en 2017 y tras numerosos trabajos de exhumación y pruebas de ADN, entregaron los restos de Timoteo a la familia Mendieta. “Ahora ya me puedo morir en paz” dijo Ascensión, y cumplió su sueño tras casi 80 años de lucha inquebrantable.

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Santiago Torrado

Menorquín en Argentina. Fotógrafx documental. Discuto política a los gritos y tengo un perro que se llama Lupo.
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