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Santiago Maldonado, La Poderosa

Ha pasado un año desde la desaparición seguida de muerte de Santiago Maldonado y siguen las incógnitas. Hemos retrocedido en materia de derechos, y cobra fuerza nuevamente la pregunta colectiva: ¿qué le paso a Santiago?

El 1 de agosto es el día en que los Pueblos Originarios andinos celebran el día de la Pachamama, una liturgia milenaria que Santiago Maldonado -que aún sin ser mapuche- compartía por solidaridad, empatía y convicción con las comunidades originarias de la patagonia argentina.

“El brujo”, como le decían a ese joven de 28 años de ojos verdes que hoy mira fijo desde las pancartas y murales de toda Argentina, estuvo desaparecido durante 77 días como consecuencia de una represión salvaje ese 1 de agosto en el sur argentino.

Un abuso más del Estado argentino ante los reclamos históricos de los pueblos originarios: la recuperación de tierras ancestrales de aquellos que, con complicidad del Estado, se las adjudicaron para sí.

Un operativo que no tenía mayor razón de ser que salvaguardar las propiedades del conglomerado extranjero Benetton, quienes hasta en sus propias tierras tienen una base logística de una de las fuerzas responsables del operativo de aquel día: Gendarmería Nacional.

Con el apoyo de Gendarmería Nacional y el respaldo del juez Otranto, toda la operación fue monitoreada de cerca por quien fue abogado de militares de la dictadura y hoy resulta alfil de Patricia Bullrich: el mismísimo Pablo Noceti, ascendido a Secretario de Cooperación de la cartera de Seguridad en abril de este año.


Primer marcha por Santiago Maldonado

La complicidad

El “caso Maldonado” tuvo en vilo a todo la Argentina durante tres meses. Puso en evidencia la maquinaria del estado, cuyos engranajes compuestos por las fuerzas de seguridad, los medios de comunicación y los tres poderes, se pusieron en funcionamiento para tapar y encubrir, para difamar y apretar a quienes señalaron inequívocamente la responsabilidad del estado en lo sucedido aquel 1 de agosto.

La impotencia que genera su mirada clara y la coherencia de sus actos hizo difícil el trabajo de quienes se ocupan de la línea oficial. 
Nos dijeron que no estaba desaparecido, que estaba en Chile de paseo, que estaba en otra provincia, incluso que no existía. Hordas de convencidos ciudadanos que pagan sus impuestos, trabajan duro y exigen cuotas diarias de sangre pobre y negra, salieron a repetir sin parar, que Maldonado no era ni podía ser. Miente y miente que algo quedará.


La justicia de Maldonado

Enrique Prueger, perito
Enrique Prueger. Foto: Noticias NQN

Y los hechos vuelven a desmentir la gran verdad que los medios instalaron. “Asfixia por sumersión e hipotermia”, sentenciaba la autopsia firmada por decenas de peritos de múltiples disciplinas. Se ahogó y punto, a otra cosa.

Sin embargo a poco de cumplirse el primer aniversario, los peritajes y las pruebas vuelven a sembrar una duda más que razonable. “El cuerpo no pudo haber estado sumergido tantos días”, declaraba el forense Enrique Prueger hace pocas semanas. Fue plantado por alguien desde horas antes, a unos diez días previos a su aparición”

 “Se supo que la identificación fue mediante las huellas dactilares. Eso significa que el cuerpo tiene menos de veinte días, y que no pasó los ochenta días en el agua, es un hecho categórico. La pregunta es, ¿qué paso en los otros cincuenta y ocho días? Hay dos procesos que se dan independientemente cuando alguien fallece. Uno es la putrefacción que se puede retrasar producto del agua fría, y el otro es la maceración, cuando se te arrugan los dedos por estar mucho tiempo bajo el agua. Ese proceso es irreversible, y que haya huellas digitales nos indica lo fresco que estaba el cadáver”.


La respuesta del juez Lleral

Ante el pedido de la familia Maldonado para que Prueger sea citado en calidad de declaración testimonial, el juez federal Lleral calificó de «impertinente e inconducente».

El juez tampoco dio el visto bueno a la participación de parte de Claudio Ariel Garbarz, bajo la premisa de analizar los datos de la llamada que se efectuó al celular de Maldonado un día después de su desaparición.


Costo político, costo humano

La justicia de Santiago Maldonado

El costo político de lo que sucedió implicaría reconocer a todxs lxs desaparecidos en democracia, poner en jaque a la bienintencionada porción del país que ha preferido creer que simplemente se ahogó, a enfrentarse con el “nuevo” y real paradigma de represión interna.

Y así, con el primer aniversario de un desaparecido tan presente, vemos crecer la grieta que separa en dos mitades este país: algunxs celebramos en su nombre el día de la Pachamama, mientras que otrxs claman por la salida de los militares de los cuarteles, exigiendo más sangre a precio de saldo.

El 1 de agosto, ciertamente, es un día importante en argentina.

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Redacción Enfant Terrible

Somos el equipo de redacción de Enfant Terrible: el resultado de millones de años de evolución aglutinados en este irreverente existir.
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