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Ayer 7 de enero se cumplió un siglo de la brutal represión desatada por el gobierno de Hipólito Yrigoyen contra lxs trabajadorxs de los talleres metalúrgicos Vasena. La masacre, las reivindicaciones, el pogrom de Once, y los muertos que siempre pone el pueblo hoy parecen una historia lejana, sin embargo es más actual que nunca.

La Semana Trágica cumple 100 años y con la perspectiva que nos da un siglo de distancia podríamos no sorprendernos de que un gobierno Radical haya asesinado trabajadorxs para mantener «la casa en orden».
Sin embargo en 1919 resultaba una traición histórica que Hipólito Yirigoyen, ungido presidente por el voto popular por primera vez en la naciente democracia argentina, ordenara a la policía y al Ejército Argentino masacrar sin piedad a lxs obrerxs que sostenían la histórica huelga en los talleres metalúrgicos Vasena. 

Una lucha muy actual

Lxs trabajadorxs de los talleres Vasena eran parte de la por entonces, pequeña pero floreciente industria metalúrgica, en una argentina cuya economía era fundamentalmente agroexportadora. Un 2 de diciembre de 1918 lxs obrerxs se declaran en huelga exigiendo mejores condiciones laborales, aumento de salario, y la reducción del horario laboral de once a ocho horas. No parece haber pasado un siglo desde entonces. 

La empresa, cuyo directorio estaba compuesto por los hermanos Vasena, y por miembros activos de la UCR gobernante, decidió no responder a las demandas y contratar un grupo de carneros armados para sustituir a lxs huelguistas. Lxs trabajadorxs, afiliados a la FORA Vº Congreso, de filiación anarquista y revolucionaria extendieron el reclamo por toda la ciudad de Buenos Aires, conquistaron la solidaridad de otros gremios -especialmente el de estibadores- que se sumaron a boicotear el funcionamiento de los talleres, y levantaron piquetes para amedrentar a los rompehuelgas. 

La violencia del conflicto iba creciendo a medida que la patronal presionaba al gobierno para reprimir a sangre y fuego a lxs obrerxs.
A lxs carnerxs se les entregaron armas de fuego y una carta de impunidad para disparar sobre lxs trabajadorxs en huelga. En las semanas previas al 7 de enero se sucedieron diariamente lxs heridxs de bala, las palizas selectivas y los secuestros perpetrados por matones y pistoleros contratados por la patronal.

La huelga y la masacre y el pogrom

Para la primera semana de enero de 1919 los obreros muertos se contaban por docenas y la lucha extendía a otros gremios proyectando la sombra de la huelga general. El gobierno de Yirigoyen estaba acorralado por la presión del directorio de la empresa. Los hermanos Vasena, los representantes del capital inglés, y los empresarios miembros de los comités de la UCR de la capital, exigían una respuesta ejemplar. Sus intereses iban ligados al fin del conflicto.

La huelga general se decretó desde las dos FORA (la del Vº congreso, anarquista y la IXº congreso sin filiación política, aunque dialoguista con la patronal y el gobierno) para el 9 de enero. 

Las reivindicaciones por mejores condiciones laborales, por 8 horas de trabajo y descanso dominical, además de un aumento de salario eran ya bandera no sólo de los metalúrgicos, sino también de ferroviarios, estibadores, esquiladores y otros gremios de la ciudad y la provincia de Buenos Aires. 

En la tarde del 7 de Enero de 1919 mil efectivos de la policía, los carneros contratados por el directorio de la empresa, y grupos de tareas armados por la Sociedad Rural, atacaron la sede sindical de la FORA Vº dejando un saldo de casi una veintena de muertos.
Según el diario socialista La Vanguardia, tras la balacera se encontraron casi dos mil cartuchos winchester y máuser en los alrededores de la calle Sarmiento 1374, donde estaba ubicada la sede del sindicato. Una masacre.

Con la represión del 7 de enero se inauguró una escalada de violencia que duraría una semana y cuyos delirios antibolcheviques convirtieron a Buenos Aires en el primer y único pogrom antisemita fuera de Europa.
El aparato represivo del Estado se alió a las fuerzas parapoliciales de ultraderecha porque consideraban a la huelga de Vasena, la punta de lanza de una conspiración comunista en argentina, e iniciaron una vorágine de violencia y asesinatos que dejó más de 1300 muertos, aunque nunca se publicaron cifras oficiales. Todo lo judío pasaba por ruso y todo lo ruso era bolchevique, la lógica era infalible y la masacre estaba servida. 

Han pasado 100 años de la Semana Trágica y los métodos de la patronal siguen siendo las patotas, los carneros, los fierros y los grupos de tareas. Los muertos los seguimos poniendo los obreros de los talleres Vasena, o los tercerizados del Roca, y se llaman Santillán, Ferreyra. 

La historia se repite, primero como tragedia, luego como farsa.

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Redacción Enfant Terrible

Somos el equipo de redacción de Enfant Terrible: el resultado de millones de años de evolución aglutinados en este irreverente existir.
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