Masacre en la Plaza: Gastón Riva y la patria motoquera

La tarde del 20 de diciembre un grupo de motoqueros organizados enfrentó el cerco policial en las inmediaciones del microcentro porteño y abrió el camino hacia la Plaza de Mayo. Esta es la historia de uno de ellos. Gastón Riva fue una de 39 las víctimas de la represión que hace 20 años sacudió Argentina.

Por Santiago Torrado |

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Motoqueros organizados el 20 de diciembre. Foto de Nicolas Postoumis

En la argentina de hace 20 años proliferaban, además de la miseria y la bronca, nuevas formas de organización popular, productiva, territorial: política. Durante los meses previos al estallido social del 19 y 20 de diciembre, una de las pocas salidas laborales existentes era la mensajería y reparto en moto. Parece un sueño distópico y circular que hoy la forma más concurrida -y precarizada- de trabajo de la juventud argentina y latinoamericana sea lo mismo pero en bici. Todo se devalúa.

Por aquellos años el SIMECA (Sindicato de Mensajeros y Cadetes) se consolidaba como un agrupamiento gremial integrado a la naciente Central de Trabajadores Argentinos, para defender a sus integrantes de la precariedad laboral y de las malas condiciones de trabajo. Según una nota de la época firmada por Laura Vales, "Por lo menos un motoquero por día termina en el hospital. Se calcula que el 98% trabaja en negro". Veinte años después, nada nuevo bajo el sol.

Gastón Riva era uno de esos motoqueros. Después de quedarse sin trabajo en Ramallo tras la privatización de SOMISA se hizo repartidor en una empresa de mensajería y se radicó en Capital Federal. A principios del 2001 empezó a frecuentar un local de la agrupación HIJOS ubicado en el microcentro porteño donde se reunía un grupo de cadetes motorizados a discutir contra las malas condiciones de trabajo, contra la miseria generalizada, contra el cinismo perpetuo del gobierno de la Alianza.

Motoqueros, carajo

La noche del 19 de diciembre, un cacerolazo masivo desplegó su sinfonía metálica por los barrios de la ciudad. En televisión, el presidente Fernando "Chupete" de la Rúa declaraba el Estado de Sitio en todo el territorio nacional. Indignado -quizás-, y con la bronca acumulada de años de miseria y saqueo, Gastón se subió a la moto y encaró directo para la Plaza de Mayo. "Hay que hacer lío, sino no nos van a dar pelota negra" dicen que dijo a su mujer antes de salir.

En la escalera del Congreso todavía no se había secado la sangre de Jorge Demetrio Cárdenas, abatido a tiros la noche anterior. Pasado el mediodía el secretario de Seguridad de la Nación Enrique Mathov ordenó a la división de caballería de la Policía Federal desalojar la Plaza de Mayo. Las imagen de un policía montado azotando con rebenque a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo ilustró el grado de descomposición en que el gobierno había entrado. Dicen que en la Casa Rosada "Chupete" De la Rúa dormía la siesta.

Sobre Diagonal Norte un retén de federales disparaba balas de goma y plomo contra los manifestantes que retrocedían hacia el obelisco. Sobre la calle arden contenedores y barricadas improvisadas sirven de parapeto a un grupo de encapuchados. No pueden avanzar. Entonces, según cuenta el periodista Miguel Bonasso, un sonido atronador irrumpió en la escena y decenas de motoqueros en formación aparecieron por la avenida para romper el cerco policial y abrir la calle hacia la Plaza. Los medios los bautizaron como "la caballería del pueblo".

Un muerto en televisión

No se ha podido demostrar que Gastón estuviera entre los motoqueros que abrían paso a los manifestantes, que socorrían cuerpos baleados del microcentro a los hospitales, que organizaban y acompañaban el avance de los indignados en dirección a la Plaza, aunque personalmente creo que así fue, o me gusta creerlo. Lo que sucedió después hizo parte en la causa judicial.

El suboficial Victor Belloni de la Policía Federal disparó su Ithaca 12.70 hasta quedarse sin munición parado sobre la de Avenida de Mayo. El tórax de Riva recibió el impacto de lleno. Fue trasladado solidariamente por otros manifestantes al Hospital Argerich donde murió poco después. Su mujer María, recuerda que se enteró del fallecimiento de su marido por el movilero de TN.

"Vi en la pantalla cómo se llevaban a Gastón muerto entre varias personas. Lo supe porque el cronista dijo 'aquí llevan a uno de los muertos'. Estuve mucho tiempo sin volver a mirar una televisión".
Belloni disparando desde 9 de julio y Av de Mayo. Foto de Bernardino Àvila

A pesar de que los disparos que mataron a Carlos "Petete" Almirón y a Gonzalo Lamagna aquella fatídica tarde salieron de la misma escopeta, disparados por el mismo tirador, Belloni fue sentenciado a dos años de prisión en suspenso. Veinte años después, María Arena sigue esperando justicia y Belloni es pastor de una iglesia evangelista en el el norte argentino.

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Santiago Torrado

Periodista y fotógrafo. Edito, escribo y leo. No siempre en ese orden.

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