El fotógrafo de la revista Noticias José Luis Cabezas fue brutalmente asesinado por orden del empresario Alfredo Yabrán hace 23 años. Su muerte se convirtió en un símbolo de lucha en defensa de la libertad de prensa y su figura resulta imprescindible como bandera para defender el derecho a un periodismo libre, crítico y comprometido, en estos días de cerco informativo.

Foto: Eduardo Longoni

se cumplieron 23 años de la ejecución del reportero de la revista Noticias, José Luis Cabezas, por orden de Alfredo Yabrán, un empresario vinculado al lavado de dinero y el narcotráfico. Su asesinato estuvo motivado por ser el primer -y hasta entonces único- reportero gráfico en fotografiar al escurridizo empresario que manejaba por aquel entonces las principales empresas postales del país (OCA, Ocasa, entre otras..).

Fue ejecutado de manera inequívocamente mafiosa: esposado, fusilado de dos disparos en la nuca a corta distancia efectuados por -oh! sorpresa- un miembro de la Policía Bonaerense, luego introducido ya cadáver en el maletero de su ford fiesta, y prendido fuego. El auto fue encontrado poco después en la localidad costera de Pinamar. 

Un año después de su asesinato, el empresario postal Yabrán fue citado a declarar y se suicidó poco antes de presentarse en sede judicial de un disparo de escopeta en la cara, por lo que su cadáver quedaría irreconocible. Otros diez imputados fueron encarcelados con penas de entre los nueve años y la cadena perpetua, aunque a día de hoy todos se encuentran en libertad. Argentina sí paga a traidores (y a matones, pistoleros y mulos de diverso color y pelaje).

El violento oficio de fotografiar

Veintitrés años después del asesinato que se convirtiera en bandera internacional en defensa de la libertad de prensa, periodistas y reporteros gráficos de toda la Argentina y de América Latina no sólo debemos exigir que “No se olviden de Cabezas“, sino que es imprescindible preguntarse y repreguntarse “¿cual es la situación de la “libertad de prensa” en nuestros países?”.

Un ejemplo macabro y brutal de la amenaza permanente que sufre la libertad de expresión en nuestra región es el caso de Albertina Martínez Burgos, fotógrafa que se dedicaba a documentar la represión estatal en Chile, en especial la violencia sexual desplegada por Carabineros contra mujeres y disidencias. Due asesinada en su domicilio a poco más de un mes de iniciado el estallido social. De su casa faltaban su cámara, tarjetas de memoria y su computadora, donde guardaba material que comprometía al cuerpo de Carabineros.

El de Cabezas y el de Martínez Burgos son dos ejemplos de los miles que surgen a diario en nuestra región. Casos que no sólo ponen en serio peligro la libertad de expresión, sino que condicionan la solidez democrática de nuestros países. Lxs periodistas latinoamericanos queremos que nadie, nunca más se olvide de Cabezas y que no volvamos jamás a leer casos como el de Martínez Burgos.

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Redacción Enfant Terrible

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