Vivir por la poesía y morir por la poesía

El 29 de abril de 1936, en Avellaneda- Buenos Aires, nacía Alejandra Pizarnik, una de las escritoras más importantes de la historia literaria del país. Transgresora en todos sus aspectos. Obsesionada con el lenguaje y con la poesía, comenzó a escribir muy joven y a eso le dedicó la vida. Entre idas y vueltas vivió […]

Por Guillermina Huarte |

El 29 de abril de 1936, en Avellaneda- Buenos Aires, nacía Alejandra Pizarnik, una de las escritoras más importantes de la historia literaria del país. Transgresora en todos sus aspectos. Obsesionada con el lenguaje y con la poesía, comenzó a escribir muy joven y a eso le dedicó la vida. Entre idas y vueltas vivió en Argentina, en París y en Estados Unidos. Su obra fue reconocida y revalorizada en los últimos años, probable haya sido en consecuencia de la insistencia por visibilizar las obras de mujeres escritoras. Finalmente hizo lo que quería: convertir su vida en una obra de arte.

Sus padres llegaron a Argentina escapando del nazismo. Se asentaron en Avellaneda, donde nació y creció Alejandra junto a su hermana Miriam. La vida laboral para su papá fue complicada, tener origen judío y no hablar bien el idioma no era cualquier cosa en ese entonces. Su hermana relata recuerdos de su infancia, ver en la televisión discursos de Hitler y su avanzada en Europa, y el terror de todxs ellxs: que pudiera llegar a Argentina. La Segunda Guerra Mundial dejó profundas marcas en Alejandra y su familia. De hecho, sus abuelas y tías estuvieron en campos de concentración.

Alejandra y su hermana se criaron con música francesa. Y cuando se aburrían, la madre les daba 10 centavos para que vayan a comprarse libros. Esto despertó en Alejandra, obviamente, su interés por el mundo de las letras y el lenguaje, desde muy chica.

En la escuela secundaria ya había leído a Sartre. Al terminar, tuvo un breve paso por la educación universitaria en la UBA. Primero se anotó en Filosofía y Letras en la UBA, rápidamente se pasó a Periodismo, pero tampoco la finalizó.

Desde muy joven, Alejandra comenzó rompiendo normas y mandatos que se le imponían al ser mujer en su época. No cumplió con ninguno: ni con la maternidad, ni con la heterosexualidad, ni con la femeneidad. No encajaba en absoluto con lo que debía ser una joven en ese momento. Su sexualidad fue un factor clave que atravesó toda su obra, y que muchxs intentaron dejar en las sombras, bien tapado, o mejor dicho: en el clóset. Ciertamente, la sexualidad de Alejandra fue ocultada por sus herederos y la albacea de su testamento, censurando más de ciento veinte fragmentos de sus diarios personales.

En 1960 zarpó hacia París y trabajó como correctora literaria y traductora. "La sucursal de escritores latinoamericanos" de la época. Allí forjó una amistad con Julio Cortázar, que la conservaría para siempre, y también con Octavio Paz, Adolfo Bioy Casares, Silvia Monlloy, entre otrxs. Frecuentó y compartió con intelectuales y escritores de la época. Su estadía coincidió también con la de su amiga Ivonne de Bordelois, destacada escritora. En París vivió la intensidad de la época, de los grupos de lectura y discusión, del jazz, de la exploración de la sexualidad, del fragor de esa época. Fue el lugar que la acogió hasta 1964, cuando decidió volver a Argentina.

También frecuentó gran parte de su vida con escritores, intelectuales y artistas muy importantes de ese momento, como Olga Orozzco, Manuel Mujica Lainez, Silvina Ocampo, Victoria Ocampo, Fernando Noy, entre otrxs.

"Vivió por la poesía y murió por la poesía"

Así la describió Antonio Requeri, su amigo y escritor. Ivonne de Bordelois, se refería a Alejandra como alguien con quien podría aprender más que con lxs profesores de La Sorbona, en París. Y además, decía que: "era ese tipo de persona que no solamente te dice cosas interesantes, sino que puede sucitar en uno cosas interesantes que no sabía. Tenía una especie de don como de gran terapeuta". Y en alguna ocasión definió al libro Los trabajos y las noches como "pequeños artefactos perfectos".

Manuel Mujica Lainez, "Manucho" para ella, le recitaba un poema:

"Como el buzo en su escafandra
y el maniático en su tic
me refugio en ti Alejandra
Pizarnik.

¡Oh, tú, ligera balandra,
oh literario pic-nic,
con tu aire de salamandra
modelada por Lalique!
¡Oh Alejandra,
oh mi Casandra
chic!"

La obra de Alejandra no fue impecable únicamente por un talento o una pasión, sino que significó un trabajo constante. "Se pasaba una hora pensando en el adjetivo, escribiéndolo en la pared, dibujándolo en un papelito, con diferentes colores a ver si ese era el adjetivo", cuenta Ivonne en alguna entrevista. Todxs coincidieron y coinciden en el trabajo y la inmensa inteligencia de Alejandra. Sus diarios y cartas también son buenos testigos de esto: leer y escribir hasta que el cuerpo dolía.

PRECIOSA ANÉCDOTA

Cuando Alejandra conoció a Antonio Porchia, un obrero escritor, con quien quedó deslumbrada, y fue a conocerlo a La Boca. Porchia tiene un solo libro publicado: Voces. Intercambiaron un par de cartas. Y ella le dedicó uno de sus poemas:

"LAS GRANDES PALABRAS

Aún no es ahora
ahora es nunca

aún no es ahora
ahora y siempre
es nunca."

"Nada de su tiempo y de su vida era habitual o predecible"

Así la describía Fernando Noy. Relata que ambos tomaban anfetaminas,"entonces no dormíamos nunca, nuestra cotidianidad estaba plagada de un transcurrir de fiesta delirante."

Alejandra Pizarnik fue una estudiosa que reflexionó y escribió sobre el lenguaje, la poesía y el arte. Tiene escritos poemas, ensayos, entrevistas, una pieza de teatro, prosa. Vivió literalmente para la poesía y murió por ella, como dijo su amigo. Y además llevó a cada rincón de su vida el arte de sus palabras y sus silencios.

Las correspondencia que mantuvo con Silvina Ocampo fueron realmente transgresoras para la época. Esta carta es escrita y enviada el año de su muerte: 1972

Oh Sylvette, si estuvieras. Claro es que te besaría una mano y lloraría, pero sos mi paraíso perdido. Vuelto a encontrar y perdido. Al carajo los greco-romanos. Yo adoro tu cara. Y tus piernas y, surtout (bis10) tus manos que llevan a la casa del recuerdo-sueños, urdida en un más allá del pasado verdadero.Silvine, mi vida (en el sentido literal) le escribí a Adolfito para que nuestra amistad no se duerma. Me atreví a rogarle que te bese (poco: 5 o 6 veces) de mi parte y creo que se dio cuenta de que te amo SIN FONDO. A él lo amo pero es distinto, vos sabés ¿no? Además lo admiro y es tan dulce y aristocrático y simple. Pero no es vos, mon cher amour. Te dejo: me muero de fiebre y tengo frío. Quisiera que estuvieras desnuda, a mi lado, leyendo tus poemas en voz viva. Sylvette mon amour, pronto te escribiré. Sylv., yo sé lo que es esta carta. Pero te tengo confianza mística. Además la muerte tan cercana a mí (tan lozana!) me oprime. (…) Sylvette, no es una calentura, es un re-conocimiento infinito de que sos maravillosa, genial y adorable. Haceme un lugarcito en vos, no te molestaré. Pero te quiero, oh no imaginás cómo me estremezco al recordar tus manos que jamás volveré a tocar si no te complace puesto que ya lo ves lo sexual es un “tercero” por añadidura. En fin, no sigo. Les mando los 2 librejos de poemúnculos meos –cosa seria. Te beso como yo sé i a la rusa (con variantes francesas y de Córcega).O no te beso sino que te saludo, según tus gustos, como quieras.

El ambiente de la literatura en Argentina cuando Alejandra volvió de París, estaba conformado en gran parte por la burguesía porteña, donde ella no encajaba por su figura poco convencional. Ivonne de Bordelois decía al respecto: "Alejandra se sentía muy incómoda en zonas muy de la burguesía porteña, viniendo de Avellaneda".

Sin embargo, Alejandra nunca nunca se interesó por la política, ni con lo que pasaba con la juventud esa época. De hecho, renegaba bastante. Posiblemente por los acontecimientos mundiales que marcaron su historia de familia judía, perseguida y extranjera. Es decir, no fue una intelectual comprometida en ese sentido, pero si tuvo una manera de ser y de estar en el mundo, fuertemente política, y sus escritos son prueba fiel. Uno de los que más circuló es este fragmento: "Los únicos jóvenes que acepto son los bizcos, los cojos, los poetas, los homosexuales, los viudos inconsolables, los frustrados, los obsesionados, sean condes o mendigos, comunistas o monárquicos, mujeres, hombres, andróginos o castrados".

Además de que su vida estuvo marcada por rupturas con toda norma social, rechazando cualquier imperativo que se esperase de una joven mujer. De hecho, la cuestión de no encajar fue un factor, aunque no el único, claro, que la llevó al aislamiento y al ensimismamiento. Uno de sus poemas más conocidos, escrito durante su internación en el Hospital Psiquiátrico Pirovano, decía:

"se alejó- me alejé-
no por desprecio (claro que nuestro orgullo es infernal)
sino porque una es extranjera
una es de otra parte,
ellos se casan,
procrean,
veranean,
tienen horarios,
no se asustan por la tenebrosa ambigüedad del lenguaje"

En la última carta que le mandó a Cortázar, cunado ella ya estaba pronta a suicidio, y él muy comprometido con la política, le dijo: "En el hospital aprendo a convivir con los últimos desechos. Mi mejor amiga es una sirvienta de 18 años que mató a su hijo. Empecé a leer Diarios. Te apruebo mucho políticamente. Tu poema de Panorama es grande porque me hizo bien (lo leí en el hospital).

En 1969 Alejandra Pizarnik ganó una beca de estudio para Nueva York, la Beca Guggenheim en Artes América Latina y Caribe . No le gustó mucho Estados Unidos, y en esa época su malestar se intensificaba. Cuando pudo, se fue a París, pero se encontró con un lugar que ya no era el que la había acogido en sus años de más joven. Un París que todavía vivía el fragor del mayo Francés. Así que volvió a Argentina y ahí comenzó su caída, de la que no pudo salir. En septiembre de 1972 Alejandra se suicidó.

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Guillermina Huarte

Estudiante de eso que le llaman comunicación social. Lesbiana y feminista con orgullo. Pelea con facilidad. Quisiera que sea verano todo el año. Desconfía y reniega de la astrología.

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