Adiós a bell hooks

A los 69 años falleció Gloria Jean Watkins más conocida como bell hooks. Ensayista, filósofa, poeta y sobre todo militante feminista, hooks supo articular perspectivas de clase, género y raza para construir un enfoque interseccional como herramienta contra todas las opresiones.

Por Redacción Enfant Terrible |

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Gloria Jean Watkins cambió muy tempranamente su nombre por el de bell hooks, en minúscula, por que según ella "lo que vale es la sustancia de los libros, no quien soy yo". La ensayista, filósofa, poeta, y militante feminista falleció a los 69 años en su casa de Berea, en Kentucky. Dejó más de 40 libros escritos y una mirada crítica en clave feminista sobre la raza, el género y las clases sociales como opresiones articuladas y conjuntas del "capitalismo patriarcal, blanco e imperialista".

hooks planteó con claridad meridiana lo que luego profundizarían Rita Segato junto a otras teóricas feministas: que el feminismo es para todo el mundo, que su objetivo no es construir un movimiento anti hombres, y que las opresiones no son solo de género, sino también de clase y de raza. Con esta mirada interseccional y despojada de esencialismos escribía:

"La errónea noción del movimiento feminista como movimiento antihombres conllevaba también la errónea asunción de que los espacios en los que solo había mujeres serían necesariamente entornos libres de patriarcado y pensamiento sexista"

Durante los años 50 desarrolló una crítica al texto "Mística de la Feminidad" de la escritora Betty Friedan, donde expone los límites de los anhelos feministas de las mujeres blancas y de clase media alta estadounidense. Esta crítica desnudó el cruce sistémico de desigualdades y opresiones que atraviesan los géneros y van más allá de estos, permitiendo el desarrollo del enfoque interseccional como crítica feminista de la sociedad.

 Friedan concluye su primer capítulo afirmando: «No podemos seguir ignorando esa voz que, desde el interior de las mujeres, dice: “Quiero algo más que un marido, unos hijos y una casa”». A ese «más» ella lo definió como una carrera. En su libro no decía quién tendría entonces que encargarse del cuidado de los hijos y del mantenimiento del hogar si cada vez más mujeres, como ella, eran liberadas de sus trabajos domésticos y obtenían un acceso a las profesiones similar al de los varones blancos.

No hablaba de las necesidades de las mujeres sin hombre, ni hijos, ni hogar. Ignoraba la existencia de mujeres que no fueran blancas, así como de las mujeres blancas pobres. No decía a sus lectoras si, para su realización, era mejor ser sirvienta, niñera, obrera, dependienta o prostituta que una ociosa ama de casa.

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