La música como refugio universal: Vení, dame la mano, vamos a escuchar un temita

La pandemia irrumpió de lleno en la vida humana, la vieja normalidad quedó en un pasado que se mezcla entre nostalgia y un poco de olvido. Pero algo permanece, inmutable, poderosa, salvadora: la música como expresión cultural, ese lugar al que siempre volvemos.

Por Redacción Enfant Terrible |

🕒 6 minutos de lectura

Por Emi Urouro para Enfant Terrible

¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón, reza un clásico de Fito Páez. Me pareció la línea ideal para empezar esta nota que va y vuelve entre esa canción, testimonios de artistas y reflexiones de alguien -que como todas y todos-, atraviesa una situación extraordinaria, -léase virus global-, y que encontró en diferentes melodías, una suerte de refugio.

No será tan fácil, ya sé que pasa/ No será tan simple como pensaba". Suena en mi mente, mientras doy forma a la siguiente información:

No es novedad, ni una revelación que desde que comenzó la emergencia sanitaria los síntomas de ansiedad y depresión se multiplicaron. Pero con el paso del tiempo, la mayoría de las personas mostraron una gran capacidad de resiliencia, tolerancia y adaptación a la nueva situación.

En relación al punto anterior cabe señalar que entre marzo y mayo de 2020 se observó el mayor pico de ansiedad y depresión durante la pandemia. Luego comenzó a bajar, y en marzo de 2021 había menos síntomas de ansiedad y depresión que al comienzo de la pandemia.

¿Para qué sirven estos datos? Bueno, sirven dar cuenta del profundo impacto que la pandemia ha tenido sobre la emocionalidad de gran parte -sino toda- la sociedad. El mundo se volvió más hostil de golpe. En un estudio del portal Chequeado que aborda la relación pandemia-salud mental, se muestra que estos síntomas son en muchos casos pasajeros; productos de un estrés muy intenso, consecuencia de la crisis, pero no de un cuadro depresivo crónico. Se trata, en definitiva, de formas de reacción normales que nos permitieron enfrentar el contexto pandémico.

Hablando desde mi experiencia, que quizás es compartida por quien está leyendo estas líneas, creo que es en este contexto, en este mundo, donde el arte, y en este caso la música, reafirmó su poder vital y su capacidad de llevarnos a tiempos de calma. Atenti, que no solo en pandemia vivimos momentos que abruman, es la vida misma la que se abre paso entre marchas y contramarchas, que nos afectan de diferentes maneras.

Cómo abrir el pecho y sacar el alma, una cuchillada de amor

Flashback al 2020: Fase 1. Un virus nuevo azota al mundo, nadie sabe nada, bombardeo informativo, fake news y abundan personajes del mal - quienes no creían en la pandemia, que posiblemente ahora no crean en las vacunas- marcan el ritmo de los primeros meses de la pandemia.

¿Qué hacer cuándo el futuro no es precisamente prometedor? En ese momento, en la música encontré refugio, y tengo la certeza de que no fui la única. Escuché desde “Sabor a mí” hasta “Antología”, desde Wos a Mercedes Sosa, desde flamenco a folclore argentino, una varieté que persiste en mis días y noches.

Para profundizar en el tema, hablé con Romina Cannistraro, cantautora y coplera y con el músico Agustín Ammann. Ambos de la provincia de Córdoba.

Romina coincidió conmigo al decir que "la música, como expresión cultural, es donde la mayoría de la humanidad acude en momentos de tensión y de conflictos". En esa línea, señaló que:

"Diferentes expresiones artísticas culturales (danza, pintura, música), son inherentes a nuestra condición. Es decir, que somos cultura y somos sonoros. Somos cuerpos que pueden desarrollar cultura, lo tenemos innato"

Y te daré todo y me darás algo/ Algo que me alivie un poco más, canta Páez. Es la calma momentánea que a veces sentimos ante las obras de arte. En ese sentido, Romina consideró que la música es un lugar donde las personas conectamos más desde “las sensibilidades y lo emocional, son lugares a los que uno acude como refugio, trinchera, resistencia, de dispersión de esa energía negativa o de los pensamientos negativos. Nos lleva a lugares de transición, a otros estados, que son un lugar donde uno está más presente en un aquí y un ahora”.

Siguiendo al párrafo anterior, por ejemplo, las personas que laburan todo el día en algo que no les gusta o no las hace felices, encuentran en los espacios culturales, como la música, ese lugar donde uno puede ser en esencia.

Por su parte, Agustín, cree que la música es de todas y todos, es un ida y vuelta entre el artista que logra abrirse para poder compartir lo que hace, y las personas que disfrutan de lo que están recibiendo:

“Es ese instante quizás, el que nos permite olvidarnos por un rato de todo. Son pequeñas/grandes fugas que nos permiten entre otras “desconectarnos” de los problemas”.

Sigue el musiquero: Cuando los satélites no alcancen, yo vengo a ofrecer mi corazón

¿Por qué el arte y la cultura son indispensables para sobrellevar situaciones que irrumpen en nuestra vida de manera negativa? Ammann piensa que la música, como cualquier otra expresión del arte, aliviana el camino de las personas; escuchando o haciendo música, actuando o viendo una obra de teatro, pintando o contemplando a un artista:

Estar en cualquiera de esos roles nos permite trasladarnos a espacios muy íntimos, donde aparecen las emociones internas y la conexión introspectiva y con el mundo. Y esa comunión, de algún modo ayuda a subir la frecuencia positiva en tiempos difíciles”

Y hablo de países y de esperanzas, sigue Fito. Para la coplera y cantautora “es la música ese lugar al que siempre volvemos, porque es un espacio de disfrute, placentero, hasta onírico, donde prima lo espontáneo, lo presente. Una/o siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida como dice la canción”.

Este tema es histórico, me re activa. Al igual que cientos de otros. Y dice: ¡Hablo por la vida, hablo por la nada/Hablo por cambiar esta, nuestra casa/De cambiarla por cambiar nomás!. Creo que esta situación extraordinaria, como lo es la pandemia, nos interpela como sociedad para repensar cambios necesarios, ya sea del orden productivo, como de la forma que tenemos de vincularnos. Y me parecía una reflexión acorde a la canción que hoy nos convoca.

Para Cannistraro, “el vivir rodeados de músicas hace que nos convirtamos en personas más sensibles, más empáticas, más sanas y saludables. Una acude siempre a la música, a las canciones, a los decires, a ese lugar del que vino y quiere volver. Así como la amistad o el abrazo, la música salva, es un espacio que transitamos con total libertad, esencia y vuelo. Cuando hay hostilidad en el mundo, aparece la música como ese refugio que alimenta espíritu e inyecta inquietudes y transformaciones”

Y vuelve a sonar esa línea: ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón.

Agustín siente que la música es el lugar al que él siempre vuelve, “porque en una vida llena de movimiento, las canciones son una constante que te acompaña para el momento que vos elijas. De alguna manera las personas siempre estamos ligadas a volver a la música; por eso aunque el artista desaparezca, la música sigue quedando”.

Mi viejo nos llenó de música, a mi y a mis hermanos, desde que tengo memoria, crecimos rodeados de guitarras, ensayos, la radio, los discos, los cassettes. Me mostró que cuando no tenemos palabras, el arte es una forma, quizá la más humana, para atravesar lo que sea.

¿Y vos, a qué tema volvés siempre?

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