Enfant Terrible nació bajo una necesidad fundamental: construir comunicación autogestionada.

En un contexto sociopolítico de influencia y blindaje mediático, donde los grandes medios construyen relatos y ficciones que estructuran el sentido común, nos posicionamos en la otra vereda: hablamos de lo que esos monoblocks no quieren hablar.

No hacemos 'periodismo serio' y eso debe quedar claro.

Quienes formamos parte de Enfant Terrible nacimos al fuego del neoliberalismo a ultranza, de la 'pizza con champán', del 'que se vayan todos'. Nacimos con la irreverencia ácida como práctica política, con el afán de devenir mariposa en palabras de Lohana Berkins.

La pretensión de objetividad es exactamente eso: una pretensión que siempre es ficción. No hay en nosotrxs separación entre nuestras luchas políticas y nuestra acción comunicativa: todo comportamiento es comunicativo, toda comunicación es política y toda lucha política es colectiva.

Enfant Terrible significa hacer preguntas que avergüenzan.

No porque tales preguntas sean vergonzosas en sí mismas, sino porque nos muestran una realidad que sí lo es y que no resiste a la negación. Hay realidades que, simplemente, no se pueden seguir negando.

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