¿En qué pensamos cuando hablamos de lecturas racistas, sexistas y patriarcales que ordenan las maneras en que interpretamos el mundo y determinan las estructuras de nuestras relaciones interpersonales? ¿Cuáles el rol de los discursos sociales en los procesos de subjetivación, de socialización y de alteración? ¿Por qué continuamos controlando, explotando y dominando a los cuerpos racializados y feminizados en nombre de una construcción histórica que legitima perversos crímenes de odio? ¿Cuál es el rol que cumplen, y también podrían cumplir, los textos literarios en las diversas formas de leer a le Otre?
¿Qué senti(re)pensamos cuando compartimos lecturas comunitaria?

Por Mati Inti para Enfant Terrible

Leemos en las escuelas, en las calles, en las  plazas, en nuestras casas; leemos textos cortos, largos, notas, titulares, graffitis, tweets y memes. Compartimos. Leemos para informarnos, para comunicarnos;  para desarrollar la empatía, la compasión, el respeto, para sacarnos un poco el temor y la agresividad que invade. Leemos para conocer a otrxs desde el interior, leemos sociedades enteras para conocerlas y conocernos. Este primer acercamiento desde Galeano nos permite leernos, reconociendo la dimensión política que engendra desde las profundas narrativas, en este caso tanto las categorías de clasificación social como los discursos sociales que sustentan los imaginarios racistas, sexistas y patriarcales; es decir que leemos reconociendo un patrón de constructos intersubjetivos que tienen el poder de someternos, pero también de deconstruirnos, de dominarnos como cuerpos racializados y feminizados, cuerpos violentados, organizados, controlados y administrados en una estructura social desigual, asimétrica.

Descolonizate pibite” comparte diez narrativas de Eduardo Galeano para compartirlas en espacios de lecturas y senti(re)pensar juntxs el proceso de conquista, colonización, saqueo y muerte de nuestra Abya Yala como un proceso que nunca terminó, como un proceso que determina las formas en que leemos nuestro territorio-cuerpo contemporáneamente, en que leemos la raza y el género, como un proceso discontinuo de creaciones históricas direccionadas a dominación del hombre por el hombre.

Leer diversos textos literarios como discursos sociales, advirtiendo que la relación entre historia y ficción muestra cómo las formas artísticas y documentales se nutren mutuamente, nos permite compartir pensares para desmontan las palabras hegemónicas que quisieron invisibilizar y naturalizar una histórica de exclusiones que continúan controlando nuestra subjetividad a partir de vetustos idearios socioculturales, un sometimiento ideológico  bajo un ordenamiento social desigual. 

A continuación diez relatos claves para compartir en un encuentro, con el objetivo de comunicar, transformar e intervenir desde la literatura en las realidades contemporáneas, para desaprender nuestra forma de mirar la compleja trama que nos rodea, atravesada por relaciones de poder y clasificaciones sociales convergentes; y así colectivizarnos hacia una concientización, emancipación y ampliación de nuestra vida cotidiana, de nuestra subjetividad y de nuestras relaciones interpersonales.

Ventana sobre la palabra (III) en “Las Palabras andantes” (1993)

En lengua guaraní, ñe’e significa “palabra” y también significa “alma”. Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma.

Fundación de América en “Espejos: una historia casi universal” 

En Cuba, según Cristóbal Colón, había sirenas con caras de hombre y plumas de gallo.
En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho.
En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos.
En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, había nativos que tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás.
Según Pedro Martín de Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, en el Nuevo Mundo había hombres y mujeres con rabos tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros.

“Hasta el mapa miente. Aprendemos la geografía del mundo en un mapa que no muestra al mundo tal cual es, sino tal como sus dueños mandan que sea. En el planisferio tradicional, el que se usa en las escuelas y en todas partes, el Ecuador no está en el centro, el norte ocupa dos tercios y el sur, uno. América Latina abarca en el mapamundi menos espacio que Europa y mucho menos que la suma de Estados Unidos y Canadá, cuando en realidad América Latina es dos veces más grande que Europa y bastante mayor que Estados Unidos y Canadá. El mapa que nos achica, simboliza todo lo demás. Geografía robada, economía saqueada, historia falsificada, usurpación cotidiana de la realidad al llamado Tercer Mundo, habitado por gentes de tercera, abarca menos, come menos, recuerda menos, vive menos, dice menos
en “501 años cabeza abajo”

Los nadies en “El libro de los abrazos” (1989)

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. 
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la
prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

1492, Guanahaní: Colón en “Memorias del fuego I” (1982)

Cae de rodillas, llora, besa el suelo. Avanza, tambaleándose porque lleva más de un mes durmiendo poco o nada, y a golpes de espada derriba unos ramajes.
Después, alza el estandarte. Hincado, ojos al cielo, pronuncia tres veces los nombres de Isabel y Fernando. A su lado, el escribano Rodrigo de Escobedo, hombre de letra lenta, levanta el acta.
Todo pertenece, desde hoy, a esos reyes lejanos: el mar de corales, las arenas, las rocas verdísimas de musgo, los bosques, los papagayos y estos hombres de piel de laurel que no conocen todavía la ropa, la culpa ni el dinero y que contemplan, aturdidos, la escena.
Luis de Torres traduce al hebreo las preguntas de Cristóbal Colón:
– ¿Conocéis vosotros el reino del Gran Khan? ¿De dónde viene el oro que lleváis colgado de las narices y las orejas?
Los hombres desnudos lo miran, boquiabiertos, y el intérprete prueba suerte con el idioma caldeo, que algo conoce:
– ¿Oro? ¿Templos? ¿Palacios? ¿Rey de reyes? ¿Oro?
Y luego intenta la lengua arábiga, lo poco que sabe:
– ¿Japón? ¿China? ¿Oro?
El intérprete se disculpa ante Colón en la lengua de Castilla. Colón maldice en genovés, y arroja al suelo sus cartas credenciales, escritas en latín y dirigidas al Gran Khan. Los hombres desnudos asisten a la cólera del forastero de pelo rojo y piel cruda, que viste capa de terciopelo, y ropas de muchísimo lucimiento.
Pronto se correrá la voz por las islas:
– ¡Vengan a ver a los hombres que llegaron del cielo! ¡Tráiganles de comer y de beber!

1531, Santo Domingo: Una carta en “Memorias del fuego I” (1982)

Se estruja las sienes persiguiendo las palabras que asoman y huyen: No miren a mi bajeza de ser y rudeza de decir, suplica, sino a la voluntad con que a decirlo soy movido.
Fray Bartolomé de Las Casas escribe al Consejo de Indias. Más hubiera valido a los indios, sostiene, irse al infierno con su infidelidad, su poco a poco y a solas, que ser salvados por los cristianos. Ya llegan al cielo los alaridos de tanta sangre humana derramada: los quemados vivos, asados en parrillas, echados a perros bravos
Se levanta, camina. Entre nubes de polvo flamea el hábito blanco.
Después se sienta al borde de la silla de tachuelas. Con la pluma de ave se rasca la larga nariz. La mano huesuda escribe. Para que en América se salven los indios y se cumpla la ley de Dios, propone fray Bartolomé que la cruz mande a la espada. Que se sometan las guarniciones a los obispos; y que se envíen colonos para cultivar la tierra al abrigo de las plazas fuertes. Los colonos, dice, podrían llevar esclavos negros o moros o de otra suerte, para servirse, o vivir por sus manos, o de otra manera que no fuese en perjuicio de los indios…

Isabel en “Espejos: una historia casi universal” (2008)

Colón partió del pequeño puerto de Palos, y no de Cádiz, como estaba previsto, porque allí no cabía un alfiler. Por el puerto de Cádiz, miles y miles de judíos estaban siendo arrojados fuera de la tierra de sus antepasados y de los antepasados de sus antepasados. Colón viajó gracias a la reina Isabel. Los judíos también: ella los expulsó. Los Reyes Católicos eran dos, Isabel y Fernando, pero Fernando estaba más preocupado por las damas y las camas que por las cosas del poder.
Después de los judíos, fue el turno de los musulmanes.
Diez años había luchado Isabel contra el último baluarte islámico de España. Cuando su cruzada culminó, y Granada cayó, hizo todo lo posible por salvar esas almas condenadas a la quemazón eterna. Su infinita misericordia les ofreció el perdón y la conversión. Le contestaron con palos y piedras. Entonces ella no tuvo más remedio: mandó quemar los libros de la secta de Mahoma en la plaza mayor de la ciudad conquistada, y expulsó a los infieles que persistían en su falsa religión y en su manía de hablar árabe.
Otros decretos de expulsión, firmados por monarcas posteriores, culminaron la purga. España envió al exilio, por siempre jamás, a sus hijos de sangre sucia, judíos y musulmanes, y así se vació de sus mejores artesanos, artistas y científicos, de sus agricultores más avanzados y de sus más experientes banqueros y mercaderes. A cambio, multiplicó sus mendigos y sus guerreros, sus nobles parásitos y sus monjes fanáticos, todos de limpia sangre cristiana.
Isabel, nacida en Jueves Santo, devota de la Virgen de las Angustias, había fundado la Inquisición española y había nombrado a su confesor, el célebre Torquemada, Inquisidor Supremo. Su testamento, inflamado de místico ardor, insistió en la defensa de la pureza de la fe y la pureza de la raza. A los reyes venideros rogó y mandó que no cesen de pugnar por la fe contra los infieles y que siempre favorezcan mucho las cosas de la Santa Inquisición.

La cultura del terror /1 en “El libro delos abrazos” (1989)

La Sociedad Antropológica de París los clasificaba como a insectos: el color de la piel de los indios huitotos correspondía a los números 29 y 30 de su escala cromática. La Peruvian Amazon Company los cazaba como a fieras: los indios huitotos eran la mano de obra esclava que daba caucho al mercado mundial. Cuando los indios huían de las plantaciones y la empresa los atrapaba, los envolvía en una bandera del Perú empapada en querosén y los quemaba vivos.
Michael Taussig ha estudiado la cultura del terror que la civilización capitalista aplicaba en la selva amazónica a principios del siglo veinte. La tortura no era un método para arrancar información, sino una ceremonia de confirmación de poder. En un largo y solemne ritual, a los indios rebeldes les cortaban la lengua y después los torturaban para obligarlos a hablar.

La cultura del terror /7 en “El libro delos abrazos” (1989)

El colonialismo visible te mutila sin disimulo: te prohíbe decir, te prohíbe hacer, te prohíbe ser. El colonialismo invisible, en cambio, te convence de que la servidumbre es tu destino y la impotencia tu naturaleza: te convence de que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser.

La nostalgia peleadora de Túpac Amaru
en “Las venas abiertas de América Latina”(1971)

Cuando los españoles irrumpieron en América, estaba en su apogeo el imperio teocrático de los incas, que extendía su poder sobre lo que hoy llamamos Perú, Bolivia y Ecuador, abarcaba parte de Colombia y de Chile y llegaba hasta el norte argentino y la selva brasileña; la confederación de los aztecas había conquistado un alto nivel de eficacia en el valle de México, y en Yucatán y Centroamérica la civilización espléndida de los mayas persistía en los pueblos herederos, organizados para el trabajo y la guerra.
Estas sociedades han dejado numerosos testigos de su grandeza, a pesar de todo el largo tiempo de la devastación: monumentos religiosos levantados con mayor sabiduría que las pirámides egipcias, eficaces creaciones técnicas para la pelea contra la naturaleza, objetos de arte que delatan un invicto talento. En el museo de Lima pueden verse centenares de cráneos que fueron objeto de trepanaciones y curaciones con placas de oro y plata por parte de los cirujanos incas. Los mayas habían sido grandes astrónomos, habían medido el tiempo y el espacio con precisión asombrosa, y habían descubierto el valor de la cifra cero antes que ningún otro pueblo en la historia. Las acequias y las islas artificiales creadas por los aztecas deslumbraron a Hernán Cortés, aunque no eran de oro.
La Conquista rompió las bases de aquellas civilizaciones. Peores consecuencias que la sangre y el fuego de la guerra tuvo la implantación de una economía minera.

Foto: Lala Campos

Nombres

Abya Yala en la lengua del pueblo Kuna de Panamá y Colombia significa “tierra en plena madurez” o “tierra de sangre vital”, siendo empleada por los pueblos originarios de nuestro continente para autodesignarse en oposición al término impuesto América; expresión que decanta durante la conquista y la colonización del continente, impresa por cartógrafos europeos sobre los primeros mapas mundiales, transmitida en instituciones escolares y reconocida por múltiples textos fundacionales. Al igual que este desapercibido pero tan utilizado nombre propio que utilizamos día a día para nombrar nuestro territorio circundante, la isla San Salvador continúa simbolizando la llegada de Colón de una manera mitológica y benefactora desde el siglo XV; nombres consolidados durante el proceso de invasión y colonización como el Virreinato de las Indias que se transformó en el Virreinato de Nueva España; hasta en la época republicana, donde se manifiesta una independencia del Imperio español, a comienzos del siglo XIX Colombia proclama ser la “tierra de Colón”, y en pleno siglo XXI el Rey de España llama a Córdoba “la Nueva Andalucía” en el perverso Congreso Internacional de la Lengua Española. Encontramos en los textos de Galeano continuas referencias críticas a la naturalización e invisibilización con que la implantación colonial repercute en nuestros parámetros de pensamiento, en este caso desde la forma en que nombramos a nuestro territorio.

(Re)pensando

Así, la consecuencia que recae luego de esta puntual relación interoceánica es que se establecerá efectivamente una estructura racista, sexista y heteronormativa en nuestro territorio/cuerpo mediante un histórico proceso de invasión, etnocidio, aculturación y blanqueamiento; particulares contactos interétnicos atravesados por relaciones de poder sustentadas desde una estructura social segmentada, fundada en la diferencia como matriz rectora de la alteridad, que se conformó como semilla durante el siglo XV y brotó posteriormente en los tiempos de dominación del territorio latinoamericano, de los procesos a través de los cuales nos constituimos como personas y manifestamos nuestra subjetividad, maleza que se extendió por todo el sistema mundo moderno, en la matriz estatal republicana, y en el neoliberalismo democrático posmoderno. Una estructura jerárquica que se establece, transforma y tensiona con la invasión de los imperios eurocéntricos, teniendo un papel fundamental las relaciones interlingüísticas, la institucionalización de las letras y la consolidación de discursos fundacionales legitimados, haciendo emerger una América como el espacio de lo nuevo, fundando el espíritu de la modernidad como orientación hacia el futuro, creando junto al mercado mundial capitalista una estereotipada idea de progreso y civilización; que en los siglos XVIII y XIX participa en la gestación de idearios políticos, filosóficos y científicos, siguiendo lo planteado en el libro Modernidad, identidad y utopía en América Latina por Aníbal Quijano (1988).

Desnaturalizar las desigualdades sociales mediante la literatura (re)configura nuevas maneras de pensar, sentir, decir y hacer, modificando las formas en que nos interrelacionamos, cambiando un menos por el más, transformando nuestros mapas, nuestras maneras de ser y estar. La cultura, desde su potencial en la generación de nuevos mundos posibles, problematiza el cómo la sociedad al nivel discursivo opera sobre nuestro territorio-cuerpo, predestinando identidades, estableciendo estereotipos, naturalizando significaciones atravesadas históricamente por el poder, destinando y reproduciendo posiciones desiguales en las estructuras sociales contemporáneas.

Literatura

La literatura nos acerca a lo vivido, nos hace más humanos, nos propulsa más allá de cualquier segmentación, de cualquier fragmentación, nos posiciona, nos cuestiona nuestra existencia, nuestro lugar de privilegios, nos da la posibilidad de reconocernos en el espejo, aunque finalmente nosotrxs no seamos esxs del espejo. La literatura nos puede propiciar un pensamiento crítico y reflexivo, un lugar para conocer al Otrx, por lo que proponemos un encuentro para implementar el arte como herramienta de comunicación, intervención y transformación de nuestras y otras realidades, senti(re)pensando el problema estructural racista, patriarcal y heteronormativo que continúa controlando nuestra Abya Yala, ahora desde la lectura colectiva y el diálogo intercultural como un proyecto que apunta hacia un imaginario “otro” y una agencia “otra” de convivencia, de relaciones, de comunidad y de sociedad, como una construcción de y desde lxs históricxs sometidxs y subalternxs.

Por Mati Inti para Enfant Terrible

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Redacción Enfant Terrible

Somos el equipo de redacción de Enfant Terrible: el resultado de millones de años de evolución aglutinados en este irreverente existir.
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