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Un debate interno divide las históricamente fraccionadas aguas del trotskismo argentino. Acusaciones cruzadas entre el Comité Nacional del Partido Obrero y un sector que, hasta abril integró el Comité Central encabezado por Jorge Altamira, abrió un debate que excede a las estructuras del FIT-U e invita a la reflexión de la estrategia de la izquierda en Argentina y en América Latina.

…Y la unidad?… ¿Y eia?

En el fragor de la pre campaña electoral los roces entre dirigentes a veces expresan más que la estrechez de espacios (políticos). Uno de esos roces que supera lo anecdótico es la expulsión del dirigente trotskista Jorge Altamira de los organismos de conducción del Partido Obrero, y la clausura de su tradicional editorial en la Prensa Obrera. En la organización fundada allá por 1964 los comunicados cruzados y las acusaciones faccionales de «espionaje» y «boicot» se suceden desde hace días en redes sociales.

Por un lado el sector «altamirista» encarnado en Marcelo Ramal, Juan Ferro, y el propio Altamira entre otros dirigentes, vienen planteando desde las elecciones provinciales de Córdoba -donde el FIT obtuvo un pésimo resultado- la necesidad de revisar el sofisma de que «Cristina y Macri son lo mismo», y reorientar la agitación electoral a golpear al gobierno actual levantando el «Fuera Macri», consigna con la que aparentemente el viejo dirigente trotskista habría desarrollado charlas en Tucumán y Salta.


Por otro lado la mayoría partidaria encabezada por Gabriel Solano, Romina del Pla y Néstor Pitrola rechazan esta posición señalando que «ubica al FIT en el campo del pejotismo-kirchnerismo” al tiempo que niegan la expulsión de histórico dirigente: «El grupo de Altamira no asume lo que decidió toda la organización, ellos han decidido actuar en actividad pública distinta y, por lo tanto, como un partido independiente».

Las acusaciones kirchnerizantes y las actividades de campaña en el norte del país motivarían una declaración de ruptura de hecho, según consideraciones del Comité Nacional del PO: Estamos ante una declaración de ruptura de la unidad de acción del partido alevosasegún puede leerse en un comunicado.

Crónica de otra fracción anunciada

El debate ha abierto la veda a un cruce de acusaciones virulentas y a un debate faccional entre tendencias y corrientes, que no es sólo patrimonio del PO sino que se extiende por toda la izquierda argentina, en la antesala de unas elecciones polarizadas entre dos llamados «candidatos del ajuste«. Las chicanas y acusaciones de bajo rasero han dado paso a una crisis política que deriva de los errores mayúsculos de caracterización que el FIT-U y su periferia vienen cometiendo desde 2015 en adelante, incluyendo algún que otro «Fuera Maduro» del que más de uno no quiere acordarse. 

La debacle del FIT-U como fuerza electoral significativa comenzó con la ofensiva de la derecha en nuestra región que ha colocado en la presidencia a Bolsonaro y a Macri, y se ha profundizado en tanto que su discurso y acción política se ha centrado antes en denunciar al llamado nacionalismo burgués, que al polisémico y vetusto -aunque vigente- concepto de imperialismo.

De las crisis siempre se aprende algo. Quizás el debate abierto por Jorge Altamira habilite la revisión de las posiciones de la llamada izquierda revolucionaria en nuestro país y abone una revisión completa, filas para adentro y para afuera, sobre conceptos tan manoseados como centralismo democrático, unidad, o electoralismo. Más allá de las chicanas despolitizadas el debate tiene un calado que amerita que el conjunto de organizaciones del campo popular sienten posición. 

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Santiago Torrado

Menorquín en Argentina. Fotógrafx documental. Discuto política a los gritos y tengo un perro que se llama Lupo.
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