Pandemia, crisis climática, y ¿sobrepoblación mundial?

La pandemia potenció la idea de que el mundo está sobrepoblado y que es necesario dejar de reproducirse. Discursos que para visibilizar la crisis ecológica, van desde la sabiduría de la naturaleza, la autorregulación y el castigo natural a los seres humanos por ser "destructivos" hasta slogans que indican "no te reproduzcas", "el virus somos nosotros". Cuando se habla de sobrepoblación no puedo evitar preguntarme quiénes son los que sobran. ¿Quiénes imaginamos que están de más? ¿Cómo es que los seres humanos se convierten en sobras? ¿Son todxs igualmente responsables del desastre ambiental?

Por Guillermina Huarte |

🕒 7 minutos de lectura

La pandemia potenció la idea de que los problemas ecológicos que causa la humanidad son producto de la cantidad de personas que habitan el mundo. La representación respecto a la sobrepoblación humana, habilita discursos acerca del control de la población en los que, históricamente, se inmiscuyeron apreciaciones racistas y clasistas. Hay quienes afirman que "la naturaleza es sabia" y tiende a la autorregulación como modo de castigo divino, incluso quienes piensan que "si el virus son los humanos deberían extinguirse".

Hace algunos meses, la emblemática actriz francesa, Brigitte Bardot, afirmó que el coronavirus era bueno porque "es una especie de autorregulación de una superpoblación que no somos capaces de controlar". Bardot es reconocida como una histórica defensora de los derechos de los animales, y en 1976 creó la Fundación Brigitte Bardot para la protección de animales en peligro. Hasta el día de hoy la cifra de muertes por covid-19 ronda las 4,2 millones. En la misma sintonía, también Xuxa, la cantante, actriz y presentadora brasileña, dijo que las vacunas contra el coronavirus podrían ser probadas en personas encarceladas. "Que sirvan para algo antes de morir", declaró en el marco de una conversación en vivo sobre los derechos de los animales.

La idea de sobrepoblación sugiere que hay personas que sobran ¿Quiénes están de más?

Aunque se repite sin fundamento que hay un "exceso de personas", lo cierto es que la tendencia de natalidad a nivel global es cada vez más baja. En Argentina, según un artículo publicado en el diario digital Redacción, en la década del 80 el promedio de hijos por mujer era de 3,3. Para el año 2010, "(...) ese promedio había bajado a 2,4 hijos por mujer, y en 2019 según la Dirección de Estadística de Información de Salud del Ministerio de Salud, se habría alcanzado una cifra récord de 1,8 hijos por mujer."

"Estados Unidos anunció que su tasa de fecundidad es la más baja en 40 años. Es de 1,6 hijos por mujer, cuando en 1950 era de 3. En países como India y México, la tasa de fertilidad está cayendo a 2,1 hijos por mujer o incluso menos. En Europa, el 25% de la población va a ser mayor de 65 para 2050, según estimaciones de las Naciones Unidas."

Delfina Campos en Redacción

Según un estudio del Instituto de Métricas y Evaluaciones de Salud (IHME) de la Universidad de Washington publicado en julio del año pasado en The Lancet , para el año 2100, la población ser verá reducida a la mitad en 23 países.

Queda claro entonces que, al contrario de lo que pretenden instalar estos discursos, lo que empieza a despertar preocupación es la caída de la tasa de natalidad a nivel global y la tendencia al envejecimiento de las poblaciones. Este fenómeno se explica por múltiples factores, entre ellos la urbanización de las sociedades y la mayor autonomía conquistada por las mujeres en las últimas décadas. Estos cambios culturales permiten que la reproducción sea más planificada, y dependa en muchos casos de que las personas gestantes decidan cuándo tener hijos.

Cabe aclarar que existen excepciones en esta tendencia. África es una de ellas, y se estima que se triplicará para 2100. También es necesario remarcar que estas tendencias no se replican de manera homogénea en todas las capas de la sociedad.

A pesar de estos datos, los ideales malthusianos sobre la extinción humana y la imposibilidad de alimentar a toda la población, persisten. Sin caer en una ceguera que niegue los serios problemas ambientales que enfrentamos como civilización, tampoco podemos obviar que las estimaciones de que "el mundo no alcanza para todxs", ignoran la capacidad tecnológica y científica que podría sustentar la población sin poner en peligro inminente al medioambiente. Pero la trampa capitalista es efectiva.

El colapso ambiental es un hecho, y es algo que especialistas en la temática advierten hace años. La pandemia es una de sus consecuencias, y posiblemente se desarrollen otras nuevas. La proyección sobre cuánto aguanta la Tierra bajo este modelo no es nada esperanzador. La rueda sobre la que anda el capitalismo insiste en devastar todo lo que tenga a su paso, y el problema es que eso lo deciden unos pocos a costa del bienestar de la mayoría.

"Hay un modo propiamente capitalista de relacionarse con el medio ambiente que es insostenible: el que permite la apropiación privada de los recursos naturales que pertenecen a todos –sea directamente para comercializarlos o indirectamente al no pagar ningún costo por deteriorarlos– y transfiere a los sectores más bajos las peores consecuencias.

Los más ricos utilizan los bienes comunes para su propio enriquecimiento, mientras que los más pobres sufren la estela de contaminación y depredación que dejan a su paso. Hay una relación directa entre la concentración del capital y el deterioro ambiental. Oxfam calcula que el 1% más rico de la población mundial emite más del doble de carbono que la mitad más pobre. ", escribió Ezequiel Adamovsky en elDiarioAr.

Humanos del mundo ¿extinguíos?

Pandemia y catástrofe ambiental mediante, en las redes sociales es cada vez más habitual encontrarse con discursos que militan la extinción humana voluntaria. Igualmente, sucede con los imperativos "deja de reproducirte", "salva el planeta, no te reproduzcas", "el mundo no te necesita". Lo primero que genera desconfianza de estos discursos es la apelación a un voluntarismo y racionalismo absoluto. Como si todas las personas tuviesen la misma autonomía sobre su vida reproductiva.

Hace poco me encontré en Twitter con un posteo en el que una persona alarmada se preguntaba "¿Cómo vas a querer tener hijos si encima estás en América Latina?" La verdad es que no encuentro gran diferencia entre las declaraciones que mencioné anteriormente, en las que se hacen evidentes los sesgos racistas y clasistas que hay detrás de ellas. Me recuerda a la expresión, tan machista por cierto, "si no querés tener hijos cerrá las piernas". Paradójicamente, estas posiciones son sostenidas por varios sectores del feminismo.

Mientras se supone que son luchas por los derechos de las mujeres y personas LGTTTBIQ, en esta ocasión parecen obviar las desigualdades que existen entre las propias mujeres ¿Todas acceden a las mismas condiciones para planificar su reproducción? ¿Todas deciden voluntariamente tener hijxs? ¿Todas pueden acceder a un aborto? ¿Cómo son las condiciones para abortar en lugares donde está prohibido? ¿Quiénes son las que ponen en riesgo su vida y salud al interrumpir su embarazo en la clandestinidad?

Por supuesto que el control de las mujeres sobre su reproducción es una reivindicación clave para la lucha feminista. La posibilidad de planificar la vida reproductiva está íntimamente ligada al avance en términos de derechos, y consecuentemente, a la mayor autonomía que tengan sobre sus vidas. El acceso a educación, al trabajo, a la independencia económica, a las libertades sexuales, son factores claves que inciden en la decisión de tener menos hijxs, y es lo que muestran las estadísticas. Sin dudas que son reivindicaciones emancipadoras, pero sería en vano considerarlas sin sus intersecciones: género, clase y corporalidades racializadas.

El racismo detrás del "control de natalidad"

Ángela Davis escribió sobre racismo, control de la natalidad y derechos reproductivos en su gran obra Mujeres, raza y clase (1981) . En este apartado, dio cuenta cuenta de ciertas afiliaciones racistas y clasistas que tuvo el movimiento de mujeres estadounidenses por el control de la natalidad en sus primeros pasos. La creciente sociedad urbanizada generó que las mujeres blancas alcanzaran cierto grado de autonomía producto de las luchas por la igualdad política y la toma de consciencia sobre sus derechos sexuales y reproductivos. Esto ocasionó que esas mujeres blancas tuvieran menos hijos y preocupó a las clases dominantes por el "suicidio de la raza".

"Las defensoras del control de la natalidad o bien consintieron o bien apoyaron los nuevos argumentos que recurrían al control de la natalidad como vía para evitar la proliferación de la «clase baja» y como antídoto al suicidio de la raza". La forma de evitar esto último sería introduciendo el control de la natalidad entre las "personas negras, los inmigrantes y los pobres en general"

Quizás a quienes les preocupa la "irresponsabilidad" de la población latinoamericana respecto a su reproducción, les interesaría saber qué pensaba la Federación Estadounidense por el Control de la Natalidad en 1939. Documentado por Ángela Davis, el proyecto destinado a la población negra indicaba:

"Las masas de personas negras (...) todavía se reproducen de manera irreflexiva y nefasta, lo que implica que el crecimiento de la población negra (...) proviene de aquel segmento de la población menos apta y menos capacitada para criar adecuadamente a sus hijos".

Como se intentó mostrar, las ideas de la humanidad como culpable y merecedora de extinción por el desastre ambiental, no le pertenecen a quienes siempre despreciaron a ciertos sectores. Esos que quisieran deshacerse de las sobras, como si no fuese suficiente ya con la cantidad de niñxs que se mueren de hambre, o la cantidad de personas que, en busca de mejor calidad de vida, la pierden cruzando el océano.

La adhesión a estas ideologías por parte de espacios progresistas, de izquierda, ecologistas e incluso feministas, representa un verdadero problema. Partiendo de que es una expresión de derrota absoluta en la búsqueda de una mejor vida para todxs. En sintonía con los discursos voluntaristas e individualistas inseparables del contexto neoliberal que mantiene la hegemonía gloal, pierde de vista las condiciones materiales de existencia de la mayoría de la población. Al mismo tiempo ignora los factores estructurales del capitalismo, naturaliza que no hay vida posible fuera de las lógicas actuales. No por nada Mark Fisher popularizó esa gran frase de Fredric Jameson: "Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo".

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Guillermina Huarte

Estudiante avanzada de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de Córdoba. Redactora en Enfant Terrible y autora de numerosos artículos publicados en distintos medios.

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