En 1953 un grupo de militantes armados provenientes del más amplio abanico político asaltaron el cuartel Moncada en Santiago de Cuba para levantar en armas al pueblo cubano contra la dictadura de Batista. Tras el fracaso de la operación, sobrevino el exilio y la clandestinidad. Pocos años después, apenas un puñado de hombres y mujeres dirigidos por los hermanos Castro fundarían el Movimiento 26 de Julio y tomarían el poder en 1959 dando inicio a la Revolución Cubana.

Los prolegómenos de la Revolución Cubana son y han sido materia de discusión y análisis entre historiadores y corrientes de izquierda más o menos revolucionaria, desde 1960 para acá. Sin embargo hay dos o tres hechos incontestables, más allá de las interpretaciones ideológicas o historicistas. Por un lado, la constitución del grupo que elige la vía armada e intenta copar el Cuartel Moncada de Santiago de Cuba en 1953, por otro lado, la heterogeneidad política que integraba las filas del movimiento revolucionario y por último, la posterior consolidación de un modelo socialista “real” en el seno de dicho movimiento para la transformación de la isla.

Apenas 150 hombres y mujeres mal pertechados y peor armados, divididos en tres columnas comandadas por los hermanos Castro y por el dirigente sindical azucarero Abel Santamaría, atacaron los cuarteles ubicados en Santiago de Cuba “Moncada” y el “Carlos Manuel Céspedes”. Ambos intentos de copamiento terminaron con una rotunda derrota militar y la captura de los principales comandantes, incluidos el dirigente del Comité Civil Abel Santamaría que murió tras ser torturado, y el joven referente del nacionalista Partido Ortodoxo, Fidel Castro.

“La historia me absolverá” declaró solemne ante los tribunales del régimen, aquel joven abogado que poco después sería amnistiado por el gobierno de Fulgencio Batista debido a la presión popular y a la simpatía que despertaba su figura. Rápidamente se exiliaría en México donde, en honor a la acción armada de Moncada fundaría en la clandestinidad el Movimiento 26 de Julio. Le acompañaban su hermano Raúl y un jovencísimo médico argentino de apellido Guevara. 

La instauración de la guerrilla en Sierra Maestra y de los comandos civiles, estudiantiles y sindicales que operaban en La Habana, Camagüey y Santiago de Cuba entre otras ciudades, permitieron al M-26 tomar el poder finalmente en 1959. A los ojos del mundo entero nacía una nueva revolución emancipatoria. Sin embargo, a pesar de la insospechada victoria militar y política, el seno del movimiento se hallaba lejos de ser un homogéneo corpus político-ideológico. La conformación de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) buscaba delimitar y dirimir las diferencias políticas entre las tendencias (liberales, nacionalistas y socialistas) que convivían en la naciente Revolución.

La consolidación del programa socialista para la Cuba Revolucionaria vino después, una vez atravesada la experiencia de frente único. Quizás una de las principales virtudes del M-26 ha sido la de delimitar al enemigo del adversario. Identificar al opresor, unirse bajo los intereses compartidos contra el enemigo común, habilitando así una praxis política que supo aglutinar bajo una misma bandera desde el liberalismo democrático al comunismo prosoviético

A 66 años de Moncada y del inicio del proyecto revolucionario en Cuba, cabe preguntarse y repreguntarse si las claves de nuestra emancipación como pueblo y como Patria Grande no residen esencialmente en unirnos frente al espanto para combatirlo, antes que fraccionarnos por las innumerables diferencias que nos habitan y ser inevitablemente derrotados.

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Santiago Torrado

Menorquín en Argentina. Fotógrafx documental. Discuto política a los gritos y tengo un perro que se llama Lupo.
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