Impuesto a las corporaciones: que la pongan los grandes capitales

Cada vez es más recurrente el "impuesto a las grandes empresas" como iniciativa para equilibrar las cargas impositivas en todo el mundo. El pasado sábado el G7, integrado por las principales potencias industriales del mundo como Japón, Estados Unidos, Francia e Inglaterra anunció que cobrará un impuesto extraordinario "cercano al 15%". Tiene sentido que esto suceda mientras la crisis mundial afecta principalmente a los sectores más vulnerados y son los países menos industrializados los que sacrifican sus territorios para generar divisas.

Por Lautaro Palacios |

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Imagen ilustrativa: Elcato.org

El pasado sábado los países integrantes del G7 (Alemania, Canadá, los Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido) se comprometieron a través de sus ministros de Exteriores y de Finanzas a impulsar un impuesto mundial para las grandes empresas.

Si bien todavía no hay precisiones, el valor impositivo rondaría "al menos el 15%" según el comunicado oficial del G7. El acuerdo formal podría ser anunciado en julio durante la próxima reunión de ministros de Finanzas del G20 en Venecia, antes de su validación por los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos  (OCDE).

El impuesto corporativo apunta principalmente a las Big Tech, osea las multinacionales tecnológicas más poderosas como Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft. La pandemia profundizó la digitalización de la economía concediendo a este tipo de empresas ganancias exorbitantes y una muy baja tributación fiscal.

En el actual cuadro de digitalización del trabajo que ha redundado en multimillonarias ganancias para las empresas multinacionales del sector tecnológico, los aportes tributarios de estos nuevos gigantes de la industria representan un porcentaje ínfimo. Es por ello que comienza a cobrar fuerza la idea de fomentar el equilibrio fiscal, con el objetivo de paliar la crisis integral en que nos ha sumido la pandemia de Covid-19.

Esta iniciativa tuvo recientemente su correlato en Argentina y en Bolivia con los aportes solidarios a las grandes fortunas, muchas de las cuales están asociadas a holdings transnacionales que no tributan en el país. Esta iniciativa no aplica solamente a las Big Tech como Amazon o Apple, sino también a empresas como la cadena de cafeterías Starbucks, o la petrolera Chevron, repetidas veces acusada de contaminación ambiental.

Es paradójico que mientras el pueblo trabajador ha sufrido repetidas veces ajustes fiscales y reformas perjudiciales, mientras asesinan a líderes indígenas para saquear los recursos naturales, o mientras millones de personas mueren a causa de la pandemia de la desigualdad, entre tantos otros modos de sufrir y morir viviendo en un sistema capitalista, unos pocos se llenen los bolsillos como nunca antes lo habían hecho. Pero más grave es que no quieran aportar un peso.

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Lautaro Palacios

Estudia el Profesorado en Psicología y se encuentra en el tramo final de la de Licenciatura de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba.

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