20 de diciembre del 2001, Villa 9 de Julio, Córdoba. El pecho de David Ernesto Moreno, con 13 años, cae preso sin mediación del plomo ardiente de la escopeta del policía Hugo Cánovas. La investigación determinó que no formaba parte de los saqueos.

3 de septiembre del 2018, Barrio Obrero, Presidencia Roque Saenz Peña, Chaco. El pecho de Ismael Ramírez, con 13 años,  cae preso sin mediación de un disparo de arma de fuego, falleciendo a las 22.30. El ministro de Gobierno, Justicia y Relaciones con la Comunidad de la provincia, Martín Nievas, dijo que Ismael “no era parte de los disturbios, cruzó por la zona y fue alcanzado por el proyectil”.

Muchos son los puntos en común, pero lo interesante emerge cuando nos percatamos que la herramienta discursiva ante ambos casos es la misma: el pasaje del concepto de pibes curiosos al de orgánicos saqueadores.


HOY

El disturbio que se cobró la vida de Ismael Ramírez no es un hecho aislado. Los intentos de saqueos se desplegaron durante todo el terreno provincial, incluyendo las ciudades de Quitilipi y Villa Angela. El ‘agite’ que derivó en la organización para los saqueos se desperdigaron por las redes sociales y por Whatsapp, según distintas fuentes.

Más 100 personas llegaron durante la noche de ayer al supermercado “El Impulso” con la finalidad de reclamar alimentos, rompiendo varios vidrios del local y enfrentándose en el proceso a empleadxs, la dirección de dicho supermercado y la Policía Provincial.

Dichos incidentes sobrepasaron la capacidad de la Policía Provincial, llevando al reclamo de intervención de la Policía Federal en tanto unidad de despliegue rápido, dirimida por el gobernador Domingo Peppo, y que hoy tienen una fuerte presencia en la ciudad.

La desidia

Según una nota de Conclusión, el disparo que acabaría con la vida de de Ismael Ramírez provino del arma del propietario del supermercado.

Según Daniel López, referente Qom de uno de los barrios de esta localidad, esta persona sería la encargada de la distribución de la mercadería a las escuelas de los barrios y comedores por acuerdo provincial y quien en varias oportunidades supo entregar mercadería vencida.

López plantea un panorama desolador donde el estigma y la marginalización de los pueblos originarios fue el detonador de esta situación. Ante una provincia justicialista y una intendencia a cargo de Cambiemos, el fuego cruzado en términos políticos generó las condiciones para la situación: un camino de políticas públicas que nunca se materializaron, viviendas que nunca se construyeron, merenderos desabastecidos.

La guinda del postre: aquel que podría haber matado a Ismael era el mismo que realizaba fraude ante la provincia.

Dichos cruzados

Gerardo Cipolini

Según el intendente de la Presidencia de Roque Saenz Peña, Gerardo Cipolini, el balazo que impactó sobre el pecho de Ismael sucedió previa a la intervención de la Policía Federal, pero durante la avanzada popular contra la Policía Provincial.

Según el intendente, el intento de saqueo del supermercado “no lo motivó el hambre, esto es la mano siniestra de algunos que se resisten a terminar presos”.

Sin embargo, el ministro Martín Nievas planteaba que estos hechos también nos “habla de una situación probable de una crispación social fruto de la situación económica del país“.

En ese mismo orden, el ministro de Seguridad Pública de Chaco, Carlos Barsesa, expresó que los hechos tienen que ver con “una situación social que está caliente”.

“Estamos hablando de un barrio muy vulnerable, de nulos recursos. Fue una situación tensa que tenemos que trabajar para contener la cuestión social, porque esta gente ya no soporta más tensar la cuerda. Hay que pensar que esta situación puede darse en todo el país”, expresó el ministro de Seguridad Pública chaqueño.

En ese sentido, el comisario Romero, jefe de la Dirección General de Seguridad Interior también terminaba de configurar el entramado sociopolítico que fue negado por el intendente Cipolini y obturado por los medios hegémonicos: la mayoría de quienes se manifestaron corresponden a comunidades de pueblos originarios.

Nuevamente, dichos cruzados, dado que esto contradice la versión del intendente Cipolini donde planteaba que “el escenario aquí no es dramático”, siendo que en reiteradas ocasiones ya se denunció el abandono en los barrios Nalá, Nam Qom, Toba, Pablo VI, Isla Soledad, Quinta 4 y Quinta 14.

Todos y cada uno de esos barrios son comunidades de pueblos originarios en la Presidencia de Roque Saenz Peña, con calles en pésimas condiciones y una alarmante discriminación en salud y educación.

Entonces, ¿en qué quedamos? Podemos sostener que la situación no es crítica, negando y obturando las condiciones políticas que llevan al hambre, o sostenemos que estamos frente a una situación sociopolítica complicada, producto de quienes ostentan la cúpula superior del poder político en Argentina. Minimizar un contexto recisivo ya tuvo consecuencias nefastas y Cavallo lo sabe bien.


AYER

El 16 de diciembre de 2001 el superministro de Economía Domingo Cavallo ya tenía preparado el proyecto de presupuesto 2002, con un ajuste por más de 3000 millones de dólares -más de 100 mil millones de pesos al día de hoy-. El superministro sostenía que el ajuste iba a salvar la convertibilidad y que no había motivos para temer un estallido social.

Al otro día, 17 de diciembre, comenzaron los saqueos en Entre Ríos, Mendoza, Rosario y Gran Buenos Aires. Mítica es la recibida a De La Rúa con huevazos en un acto oficial. El peronismo se negaba a tratar el presupuesto en el Congreso: el PJ contaba con la presidencia del Senado a manos de Puerta y la de Diputados a mano de Camaño.

Para el 19 de diciembre, todo ya estaba fuera de control: saqueos generalizados, personas enfierradas, movilizaciones populares. Y así, se decretó el ‘estado de sitio’, que llevó a una Plaza de Mayo ardiente bajo el “¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!”. Cavallo escuchó y renunció.

El 20 de diciembre fue fatídico. Una Avenida de Mayo regada de sangre, una policía disparando a mansalva, vidrieras de bancos reventando, lluvia de piedras, humo y gas pimienta. Cinco  muertos en Plaza de Mayo y un helicóptero sobrevolando, con una renuncia firmada a puño y con la tinta secándose más rápida que la sangre que corría abajo.

Ese 20 de diciembre en Córdoba se hacía eco de la ebullición de la crisis sociopolítica que atravesaba el país. Por aquellos días, no sólo un personaje icónico como Fernando De La Rúa era presidente, sino que teníamos a Ramón Mestre como Ministro del Interior y a José Manuel de la Sota como gobernador.

Ya había comenzado a correr la bola de que, a modo de evitar los saqueos, los supermercados entregarían alimentos en consonancia con el gobierno provincial para apaciguar la crisis.

Nada de eso sucedió. En el barrio Villa 9 de julio ante el supermercado Minisol, en Piedra Labrada 8080, se amuchaba la gente. La Policía inició un operativo represivo con balas de goma y de plomo, con la presencia de la Guardia de Infantería.

David Moreno, con sus 13 años, fue alcanzado por 5 proyectiles de plomo que salieron de una escopeta a repetición del oficial Hugo Cánovas: uno se alojó en la nuca y los otros cuatros lo traspasaron de lado a lado. David se encontraba ahí por un sólo motivo: la curiosidad que acompaña ser pibe. Ese año terminó el primer año del secundario y nunca pudo comenzar segundo.

La Fiscalía de Instrucción había dictaminado que Cánovas era responsable directo de la muerte de David, pero se ordenó la liberación del único imputado por falta de mérito gracias a la Cámara Primera del Crimen.

El juicio por David Moreno comenzó recién en abril de 2017, luego de inexplicables maniobras dilatorias: 15 años habían pasado para Rosa, la madre de David. La defensa en todo momento sostuvo que David se encontraba en ese lugar porque formaba parte de la gente organizada.

Nelly Del Valle Zuliani, con 51 años, fue testigo y citada a declarar en la causa. Según su relato, uno de los policías al dar vuelta el cuerpo tirado de David decía “nos mandamos un cagadón, mientras al rato se levantaba el cuerpo para tirarlo en la parte de atrás de un móvil. Otro testigo, Edgar Alejandro Martínez de 29 años y antiguo amigo de David, demostraba que eran dos pibes que estaban ahí por curiosidad.

Hugo Cánovas

Cánovas fue declarado culpable por el homicidio de David Moreno, teniendo que cumplir una condena de 12 años y 8 meses de prisión con inhabilitación como funcionario por lo que dure la condena, siendo efectiva cuando quede firme la sentencia. Cánovas también fue imputado y consecuentemente declarado culpable por lesiones graves a otras 3 víctimas, incluídas en la pena. Sin embargo, Cánovas no llegó detenido al juicio y apeló el 25 de agosto del 2017 la sentencia, manteniendo su libertad.

El tribunal también condenó como responsable al Gobierno de la Provincia de Córdoba y ordenó a la Tesorería provincial la reparación integral por los daños ocasionados a los querellantes.


La vida como moneda corriente

Hoy, al igual que hace 17 años, se instaura el mismo discurso: tanto David Moreno como Ismael Ramírez eran parte orgánica del saqueo. No sólo eso, sino también la existencia de una campaña de desprestigio en las redes sociales y la negación de realidades críticas, ya sea por un Cavallo confiado o por un intendente que niega las condiciones de vida en los barrios. Estamos hablando de contextos muy diferentes, eso es cierto, pero no podemos negar las coincidencias, la repetición, la reverberación de ciertos discursos que se instalan.

No podemos negar, ciertamente, que hoy estamos ante un escenario incierto y cada vez que eso sucede, siempre recurrimos a las mismas viejas estrategias: podemos recurrir a reducciones simplistas de la realidad en el afán de seguir sosteniendo el mismo norte en nuestra brújula cívica, o podemos arrisgarnos al ejercicio crítico de afrontar una realidad que tal vez nos cambie el modo de ver, pensar, sentir el mundo.

No estamos en el 2001 y quien quiera instalar semejante discurso nos habla de irresponsabilidad política. Nadie quiere tener una treintena de muertos en el placard. No estamos en el 2001 porque, sobre todo, no hay crisis que se repita de manera idéntica. La crisis que hoy atravesamos es de otra naturaleza, con semejanzas a las del 2001 -quienes gobiernan, por ejemplo-, pero la cual ambas tienen un punto en común: la deuda del Gobierno crece, con la vida del pueblo como moneda de pago.

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Martin García

Psicólogo en (de)formación. Especialista en cosas y doctor en casi todo. Adora hacer cálculos mentales y buscar patrones geométricos en las cosas. Realmente piensa que las palomas nos van a gobernar.
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