A comienzos de este año Brasil perdió a su principal candidato: Luiz Inácio Lula Da Silva, actualmente preso con una condena por un acto de corrupción que nunca se probó. Al momento de la condena Lula lideraba las encuestas con una intención de voto cercana al 40 por ciento.

Por Sofía Jalil para Enfant Terrible

La derecha brasileña desprestigió tanto a la política que no hay ningún político con buena fama” dijo a comienzos de año el actual secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) Pablo Gentili, en una entrevista que realizada para el diario La Nueva Mañana de Córdoba.

El que tiene buena fama es Bolsonaro que dice que la política no sirve para nada, que hay que hacer una dictadura militar, que la democracia es mala y genera corrupción” continuó Gentili y reflexionó que los líderes políticos al estilo empresarial (rico no te roba, Mauricio Macri) no son viables ya que “en Brasil es difícil generar una idea, una promesa, de que un rico te puede salvar. Es más clasista que la Argentina”.

En ese momento, al comienzo de este 2018, era irrisorio pensar que el ex capitán Jair Bolsonaro se metería en sus bolsillos a 49 millones de brasileñas y brasileños, como sucedió el pasado domingo.

Si no te gusta, te vas

Dios encima de todo. No quiero esa historia de Estado laico. El Estado es cristiano y la minoría que esté en contra, que se mude. Las minorías deben inclinarse ante las mayorías” dijo Bolsonaro encarnando el neofascismo y atropello a la libertad de expresión en 2017, cuando su intención de voto no superaba el 15 por ciento (ya de por sí, cifra elevada).

Tras los resultados de las elecciones queda clara la alianza hecha entre las iglesias pentecostales y el ex capitán que se inició en política durante los 80 y cuenta con nada-más-y-nada-menos que 20 años dentro del Congreso brasileño.

El pasado septiembre, el actual candidato a presidente fue atacado con un cuchillo en la busarda por un hombre desconocido. A raíz del- supuesto- ataque, no participó en el debate presidencial y un manto de solidaridad cristiano cubrió su –supuesta- herida. Escaló fuerte en las encuestas llegando al 24% según Datafolha, y el 26% según Ibope.

Las iglesias se encargaron de todo, y el cóctel entre religión y política comenzó a agitarse. Bolsonaro creció en las encuestas. Desde distintos púlpitos y espacios el victimario fue reconocido como víctima del sistema, reconocido como tal por las propias víctimas de la exclusión social seducidas por el discurso de salvación. Una semana después del dudoso ataque, saltó al 30 por ciento en las encuestas.

“Las iglesias pentecostales ante la situación de mucha pobreza en la población, aumentan sus discursos y ocupan un espacio que la política pierde: el territorio, la calle, la favela, el campo históricamente lo ocuparon los movimientos sociales o la iglesia católica con las comunidades de base (curas del Tercer Mundo o Teología de la Liberación)”.

Bolsonaro en un acto de una Iglesia Evangelica

Con Juan Pablo II y  Benedicto XVI la iglesia empezó a perder espacio, el PT empezó a meter su gente a laburar en los ministerios y ese espacio les quedó vacío a las iglesias que vinieron con un discurso muy atractivo para los más pobres: el de salvarte”, detalló secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) Pablo Gentili, en una entrevista que realizada para el diario La Nueva Mañana. https://lmdiario.com.ar/noticia/44755/a-pesar-de-la-condena-el-liderazgo-de-lula-jaquea-a-la-derecha-brasilena

Ahora, sin Lula, sin Dilma, Fernando Hadad es el elegido y la esperanza que queda para enseñarle a toda la región que la tristeza tiene fin y que la voluntad popular puede más que la manipulación mediática, rutinaria evangélica y neofascista militar. Lo más oscuro y nefasto que Bolsonaro nos refleja desde Brasil.

¡Compartílo en las redes!

Redacción Enfant Terrible

Somos el equipo de redacción de Enfant Terrible: el resultado de millones de años de evolución aglutinados en este irreverente existir.
Cerrar