Hoy 1º de octubre asume como presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación el juez Carlos Rosenkrantz, abogado de Clarín, La Rural, Cablevisión y amigo de los indultos a genocidas. 

Una de las primeras medidas que tomara el recién electo Mauricio Macri durante los primeros meses de 2016 fue nombrar el ingreso de Rosenkrantz como juez de la Corte Suprema, por decreto. Sin ningún antecedente en los cuarenta y pocos años de democracia Argentina, el jefe del poder ejecutivo nombra a dedo a un compinche como juez del máximo organismo judicial de la nación.

Y es que favor con favor se paga. La trayectoria de Rosenkrantz como letrado y alfil de las causas judiciales de las corporaciones más poderosas del país viene de larga data. Clarín, La Nacion, La Rural por sólo nombrar algunas empresas para las que ha litigado el flamante presidente de la Suprema Corte, retratan de cuerpo entero a este jurista de dudosa imparcialidad.

La cruzada del llamado “partido judicial” contra la oposición antimacrista de toda laya ha encontrado en Rosenkrantz un campeón a la altura de sus intenciones. ¿Podrá Bonadío con la ayuda del máximo magistrado de la nación, por fin cumplir su sueño y hacer de Cristina Kirchner el próximo Lula Da Silva? Sin duda la presión mediática y el respaldo de la suprema corte auguran tiempos oscuros para la democracia y las libertades políticas en argentina, como en toda la región.

Y no son sólo sus oscuros intereses mercantiles los que le han otorgado a este ex militante radical su impopularidad. Fue su intención en Mayo de 2016, a poco de ingresar a la Suprema Corte, junto con Elena Highton de Nolasco y Horacio Rosatti de otorgar la libertad parcial o total a varios centenares de genocidas y represores de la última dictadura cívico-militar en virtud de un principio jurídico aplicable a delitos menores o prescriptibles (in dubio pro reo).

La movilización masiva de cientos de miles de argentinos contra el negacionismo, la desmemoria y los favores que se pagan y devuelven entre juristas, empresarios y militares a la vista de todos, pudo evitar que la ya maltrecha democracia argentina quede otra vez a la altura del intelecto y el discurso del infradotado que ocupa hoy la primera magistratura.
Ya dijimos nunca más.

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Santiago Torrado

Peina canas desde los 15 y escribe para evitar el mal humor. Algún día se recibirá de algo. Se alquila por horas para discutir con desconocidos.
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