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Una lectura feminista de la representación mediática de los femicidios en Córdoba, antes y después del movimiento Ni una Menos de 2015. En este informe especial, rastreamos la construcción de la mujer como víctima y el sostén de estructuras patriarcales que reproducen la violencia machista. 

Por Catalina Caramuti, Azul Cattaneo y Alejandra Boccardo
para Enfant Terrible

Las movilizaciones del Movimiento Ni Una Menos se realizan desde el año 2015 en varias ciudades de Argentina. Foto: Catalina Caramuti

En las últimas décadas, los medios de comunicación fueron analizados como “agentes socializadores que compite con la familia y con la escuela en el proceso de educar a la gente”, afirma Nuria Varela en su libro Feminismo para principiantes (2018). Lo aportado por Eliseo Verón desde su teoría de la discursividad, también permite comprender cómo los medios actúan como instituciones privilegiadas que disponen filtros desde donde la realidad puede cobrar diversos significados y valores, investido desde las propias gramáticas de producción del mismo medio. En este sentido hoy los medios de comunicación no sólo construyen relatos acerca de la realidad, sino que asumen el rol de creadores de sentido entorno a las problemáticas sociales.

Los filtros a los que se somete la información pueden responder a diversas cuestiones como la agenda, intereses políticos, impacto en la sociedad, interés general, entre otras. Hoy la violencia contra las mujeres constituye un tema de agenda pero no siempre fue así. La bibliotecóloga Claudia Laudano se pregunta en un artículo para la Revista “Derecho y Ciencias Sociales” de la UNLP, ¿en qué circunstancias la violencia contra las mujeres constituyó un objeto de interés para los medios de comunicación? (Laudano; 2010). En este punto no podemos dejar de observar los cambios sociales y en primer lugar las iniciativas permanentes del movimiento de mujeres que alcanza una masividad necesaria para imponer el 3 de junio en la agenda de Argentina y América Latina. 


Un caso desata la discusión pública


Con el relevamiento del diario La Voz  del Interior -disponibles en el Centro de Documentación del Círculo Sindical de Prensa y Comunicación de Córdoba (CISPREN)-, rastreamos como equipo de investigación diversos casos de femicidios en la provincia de Córdoba. Como referencia, profundizamos en la revisión de dos hechos mediáticos específicos: el caso de Nora Dalmasso en el año 2006 y el surgimiento del Movimiento Ni Una Menos en 2015, tras el femicidio de Chiara Páez . Éste último hecho, generó como una movilización inédita y popular en contra de las violencias de género hacia las mujeres.  

Previamente, el primer caso de violencia de género que tuvo un seguimiento en La Voz del Interior fue el del asesinato de Nora Dalmasso. El tratamiento del mismo fue dado desde un enfoque policial sin perspectiva de género, el caso fue protagonista de primeras planas presentado como el “crimen del country”. Se presentó construido en torno a “crimen pasional” invisibilizando la violencia hacia las mujeres con grados intensos de exhibición y espectacularización de la víctima. Dadas las características de su tratamiento, no se contextualizó la causa de la violencia de género, fue revictimizada y del femicida poco se dijo. 

En el año 2010, cuatro año después, la Red PAR (Periodistas de Argentina en red por una comunicación no sexista) publica un decálogo para tratar estos casos entre los que resaltamos cuatro de los diez puntos: 1) Es correcto utilizar los siguientes términos: violencia contra las mujeres, violencia de género y violencia machista; 3) Desterramos de nuestras redacciones la figura de «crimen pasional» para referirnos al asesinato de mujeres víctimas de la violencia de género; 4) Lo importante es proteger la identidad de la víctima. Dejar en claro quién es el agresor y quién es la víctima; y 5) Tener especial cuidado con las fotos e imágenes que acompañan las notas. Respetar a las víctimas y a sus familias”. El tratamiento del caso Nora Dalmasso no respeta ninguno de ellos.

En este sentido, los casos de femicidios en La Voz del Interior previos al 2015 eran presentados con las palabras «crimen”, “asesinato”, “brutal asesinato” y “crimen pasional”, éste último término relacionado con el concepto jurídico de “emoción violenta” (Rosales; 2013). 
En la noticia, se construye la figura de la mujer como víctima, a la vez que se presenta su cuerpo como un objeto de deseo masculino, brindando datos acerca de la escena del crimen que buscan generar morbo y sensacionalismo. Las invisibilizan como sujetos sociales y se le da a la información una narrativa romántica, “como una tragedia o como hecho sangriento”, caracterizado así por el Observatorio de Comunicación y Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.

Formas de violencia

Numerosos estudios y publicaciones académicas han demostrado que la violencia posee muchas dimensiones que deben ser contempladas. Existen formas de generar estigmas e inculcar conductas violentas a partir de la discriminación de cierto grupo social y Paula Morales intenta dar cuenta de ello en su texto Violencia mediática y discurso periodístico: Las sutiles violencias mediatizadas escrito para la Asociación Mundial de Radios Comunitarias. En este trabajo afirma que: “La palabra se convierte en palabra pública cuando su lugar de origen es un medio de comunicación social, y los sentidos que construye esta palabra, instauran hegemonías ideológicas”. Morales define la violencia mediática como “una forma de violencia simbólica que utiliza los soportes mediáticos y los códigos periodísticos para reproducir la discriminación hacia la identidad mujer”. Desde marzo 2009, en Argentina contamos con la ley 26.485 que define la Violencia Mediática contra las mujeres como:

“Toda aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres”.

Foto: Catalina Caramutti

Este concepto de violencia mediática expresado en la ley se convierte en una herramienta para articular acciones concretas desde el ámbito jurídico. Los medios de comunicación masiva se consideran hoy como empresas mediáticas que reproducen discursos que naturalizan la violencia sistemática y contribuyen a acrecentar la barrera que impide el cambio real en las sociedades. Tal como lo expresa Nuria Varela en su libro Feminismo para principiantes (2018) “En su constante búsqueda de noticias y atentos en ser los primeros en contar los cambios y novedades que se producen en la sociedad, los medios se han configurado como los guardianes del patriarcado”.

Las conquistas del movimiento feminista y la presión por colocar la violencia de género en agenda han tenido un éxito parcial. Ésto se explica porque las cifras de muertas por femicidios, transfemicidios y travesticidios no han bajado sus números. Podemos observar de manera tangible cómo un tratamiento incompleto de casos de violencia de género tiene su impacto en las prácticas reales de los sujetos. Alimentado así otras formas de violencia que en la mayoría de los casos termina con la muerte. Así, comenzar a ver a los medios masivos como creadores y difusores de discursos violentos no es una elección sino una necesidad.


Pedagogías de la crueldad

En un relevamiento realizado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en el año 2017 hubo 251 víctimas de femicidios en todo el país. Según los datos de la Oficina de la Mujer de la Suprema Corte de Justicia, en 2018 hubo 255 femicidios, 4 travesticidios y 23 femicidios vinculados. En lo que va del año cinco ya son 133 mujeres muertas por el simple hecho de serlo y 35 los travesticidios y transfemicidios. Sin embargo, estos datos no se reflejan en los medios: los casos que son visibilizados y comunicados son apenas una minoría. Si bien resulta fundamental que desde el estado se generen políticas públicas tendientes a erradicar la violencia de género y los femicidios, es importante tener en cuenta el impacto que poseen las representaciones mediáticas en la percepción de estos hechos sociales.

El Ni Una Menos se fortaleció con la lucha por la legalización del aborto Foto: Catalina Caramuti

Coincidimos con Paula Morales al considerar que “la violencia mediática genera la condiciones para el ejercicio de la violencia de género en todos ámbitos de las relaciones interpersonales”. Este tipo de violencia enraizado en el discurso, interpela y reafirma estigmas y discriminaciones que pasarán al plano social como la legitimación del sexismo y el machismo que operan en diferentes sectores de la justicia, el estado y las instituciones. A partir de la invisibilización de las violencias, se genera un consenso entorno a las condiciones previas de existencia, se reafirma el status-quo y el orden patriarcal, imposibilitando una actividad reflexiva y crítica de los mandatos y las conductas sociales, a través de mecanismos de ocultamiento y normalización.

Pensar a los medios de comunicación masiva como el “brazo ideológico de la estrategia de la crueldad” es una reflexión que nos propone la doctora en antropología Rita Segato en su libro contrapedagogías de la crueldad. La autora llama “pedagogías de la crueldad a todos los actos y prácticas que enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas. “El ataque sexual y la explotación sexual de las mujeres, por ejemplo, son actos de rapiña y consumición del cuerpo que constituyen el lenguaje más preciso con que la cosificación de la vida se expresa” (Segato; 2018).

Las construcciones de “masculinidad” asociadas a la idea de lo fuerte, monstruoso, indestructible tiene sus consecuencias pragmáticas en la reproducción de lógicas machistas en los sujetos. Construir a la figura de la “víctima femenina” como alguien indefenso, inferior, sin capacidad de organizarse y defenderse es también perpetuar lógicas de la crueldad.

Desde el año 2015, el Movimiento Ni Una Menos se encarga de cuestionar estas construcciones. Sin embargo, éstos reclamos deben estar representados en los medios masivos de comunicación en su rol de constructor de sentidos y sensibilidades. Al mismo tiempo, se llevan a cabo acciones por la igualdad y la reinvindación de la mujer, desde una perspectiva crítica y reflexiva sobre cuestiones de género. El reclamo de lo que parecía ser del ámbito “privado” pasa a ser así de carácter público y a constituirse dentro de la agenda de los grandes medios. La marcha del pasado 3 de junio del 2019 finalizó con un comunicado oficial del colectivo Ni Una Menos: “hicimos sentir al mundo nuestro hartazgo”.

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